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26 de junio de 2011

Recomendando... Gonçalo Tavares.

Vamos a estrenar una sección del blog, nomás para tener pretextos para escribir en el más seguido. Ésta remplaza a las hoy extintas y en su momento poco apreciadas -incluso por mi, lo admito- "recomendaciones del mes." La idea es, pues, no atormentarlos con las cosas -películas, canciones, etc- que más me gustaron en un mes, sino hacerles recomendaciones de cosas que me gustan, así, sin más, con la esperanza de que las conozcan, les gusten y acaso las comentemos por acá.

Trataré de que cada entrada sea breve -y cumpla así cabalmente con su función "pretextuosa"- y de paso contenga una probadita de lo que recomiendo. Y para empezar me voy a lucir con mi primera recomendación, un autor que más vale les guste: Gonçalo M. Tavares. Les parecerá que eso de "más vale les guste" suene amenazador y exagerado, pero se los confirmo y lo hago además con el respaldo de José Sarámago. No, no es que el Premio Nobel portugués fuera mi cuate, sino que él dijo de Tavarés que "...no tiene derecho a escribir tan bien a los treinta y cinco años, dan ganas de darle un puñetazo."

Con esa frase se los presento. Y les paso unos detalles para que lo ubiquen antes de lanzarse a buscarlo en su librería favorita. Tavares es un narrador (pues igual escribe novela, cuento, poesia, dramaturgia) portugues -nacido en Angola, cabe señalar- que pese a su juventud se ha hecho ya de un prestigio internacional y es una de las mejores plumas del mundo literario. Un tipo que gana tantos adeptos como tíos que compran sus novelas pues, lo digo en serio, basta con leerle sólo un poco para descubrir que es un genio y que debe leersele más.
Como pocos escritores actuales, este portugues tiene una enorme virtud: goza de una voz literaria única y además espléndida. Más allá de un estilo que bueno o malo tiene cada escritor, el portugues ha dado con el paso siguiente y ha desarollado una voz que te atrapa desde la primera frase y no te suelta hasta el mismo punto final. Es una voz que igual te narrá los asuntos épicos con el humor más crudo o las historias más violentas con la indiferencia más irrisoria. Que te transporta por callejones oscuros y los sinsentidos más absurdos con la coherencia más absoluta. Y una voz, por cierto, de una lucidez que siempre roza la demencia, pero nunca la cruza. Nunca.

Y me puedo seguir diciendo más y más virtudes de esa la voz literaria de Tavares pero prefiero que ustedes la escuchen -quiero decir, la lean- y queden igual o más atrapados que yo. Les comparto enseguida un cuento muy breve (sino ni lo van a leer, eso seguro) incluido en su libro Agua, perro, caballo, cabeza. Se llama "Otro desastre":

"Una vez sentí algo similar. Tenía que pagarle a un oculista. Llevaba el cheque ya preparado. Llegué al lugar y me dijeron: murió ayer, en un accidente de coche. Tenía el cheque a su nombre, y ahora estaba muerto. El primer pensamiento fue: si tengo un cheque para pagarle, no puede estar muerto. El segundo pensamiento, pasados unos segundos, fue: me voy a quedar con el dinero. El tercer pensamiento fue: ¿cómo fue capaz tu cabeza de tener el segundo pensamiento? El cuarto fue: la gente piensa en todas las hipótesis de una situación, incluso en las hipótesis repugnantes.
Pero el señor tenía un padre aún vivo, y yo rasgué el cheque antiguo y escribí el nombre del padre en otro cheque, era casi lo mismo, sólo cambiaba la primera palabra. Estábamos los dos en un restaurante de comida rápida, de pie. Y el padre de mi oculista, que había muerto en un accidente de coche dos días antes, estaba vestido de negro y estaba triste, hablaba poco, y tenía los ojos bajos. Pero recibió el cheque.

Gonçalo M. Tavares. Agua, perro, caballo, cabeza. Traducción de Ana M. Garcia Iglesias. Oaxaca de Juárez, Almadía, 2009. p. 41.


¿A poco no es fantástico? Si les parece así, vayan a comprar sus libros que además gozan de las bellísimas ediciones de Editorial Almadía. Además de la que acabó de compartirles, tambien tiene publicado otro libro de cuentos titulado Historias falsas y la extraordinaria novela Jerusalén. No tienen desperdicio.

31 de marzo de 2011

El Quijote de Juan Carlos Bodoque

Vagando por Youtube, sin nada productivo que hacer, llegué a un vídeo que de inmediato me sentí obligado a compartir, aprovechando que hoy toca entrada en el blog. Se trata de uno de los episodios más extraordinarios de la serie chilena 31 Minutos: la muy singular y por seguro divertida versión de El Quijote de la Mancha, hecha por el virtuoso genio incomprendido que es Juan Carlos Bodoque.

No creo que se necesite más descripción. Ahora, si alguno no tiene idea de lo que hablo y jamás a visto 31 Minutos, estoy seguro que al ver el video tendrán una epifanía, su vida tendrá un antes y un después. Con ustedes, "Don Quijote Dalla Mancha", escrito, producido, dirigido y presentado por Juan Carlos Bodoque, con las actuaciones estelares de Tulio Triviño Tufillo y Juanín Juan Harry, más de las destacadas participaciones de Policarpo Avendaño y Patana Ana Tufillo Triviño. ¡Disfrutenla!


Por cierto, un par de detalles. La presentación en el programa de una obra de esa envergadura se debe a que Tulio Triviño recibe una carta de su novia (Cindy Miraflores) que le avisa de su visita al programa. Al llegar, ella le saluda con tremenda bofetada y critica al programa, alegando que su programa es muy poco educativo, y por eso todos se esfuerzan en hacer una edición más culta (el vídeo de la visita de Cindy, acá) Sin embargo, el programa igual incluye el Ranking Top de Policarpo -que en el vídeo se saltan, para hacerlo más corto- y los reportajes, que también se esfuerzan por ser más ilustrativos. En resumen, uno de los mejores programas de la serie.

La parte final del vídeo es una joya aparte: los grabados de El Quijote de la Mancha son las geniales versiones de 31 Minutos a los originales que Paul Gustave Doré hizo para la edición de Cassel & Company de 1863. Por su parte, la canción que las acompaña es la versión de 31 Minutos a "The imposible dream", compuesta por Mitch Leigh -y con letra de Joe Darion- para la puesta en escena de Man of La Mancha, un musical presentado en Broadway en 1965. La versión original la cantó el actor que dio vida al Quijote, Richard Kiley, y es una melodía tan popular que ha sido interpretada por varios de los más grandes: Frank Sinatra, Elvis Presley, Placido Domingo, Rolando Villazón, Sarah Connor o The Carpenters. Y claro, por los chicos del noticiero 31 Minutos.

7 de marzo de 2011

Recomendaciones del mes (febrero)

Traslado la entrada dominical a hoy pues ayer me fue imposible hacerla. Y luego de la frustrante entrada anterior que acabó versando sobre nada, hoy retomo el ritmo natural del blog -o eso espero- para presentar la segunda edición de las recomendaciones del mes, con el turno de febrero.

Libro del mes. Historia de la Sexualidad (Siglo XXI Editores, 2009), de Michel Foucault. No se me da eso de leer ensayos o investigaciones a menos que lo ocupe para escuela o trabajo, y tampoco me gusta recomendar textos que no sean literatura pura -novela, cuento, ya saben- a menos que sea también para trabajo o escuela. Sin embargo, ahora hago una notable excepción con este libro que comencé a leer a razón de una cátedra del Dr. Jorge Volpi sobre amores prohibidos en la literatura y que ha pasado a estar entre mis favoritos. El estilo de Foucault es genial como siempre y el argumento del ensayo, brillante: los mecanismos de prohibición de la sexualidad son, de hecho, su mejor modo de promoción. Mención especial, en un sentido similar, a La llama doble (Seix Barral, 1993), de Octavio Paz.

Película del mes. Este mes si ha resultado complicado pues en un afán de ver todas las películas nominadas al Óscar este año, las vi casi todas -excepto las que, claro está, no se estrenaron a tiempo- y resultaron muy notables. Así que, tal cual, las recomiendo todas: El cisne negro (Black Swan, 2010) es una obra maestra de suspense con una soberbia actuación, El Discurso del Rey (The King's speech, 2010) es una tremendo drama histórico merecedor del máximo galardón cinematográfico, Red Social (The social network, 2010) es un retrato perfecto de los millonarios accidentales de nuestra época, El Peleador (The fighter, 2010) es quizá la mejor película de deportes del último par de décadas y además la muestra de que Christian Bale es un portento de actor, mientras que Temple de acero (True grit, 2010) es la nueva joyita de los hermanos Cohen. Todas me gustaron y todas las recomiendo, pero ésta último me dejo un especial sabor de boca, no sé, quizá aprecio demasiado a esos hermanos directores, el caso es que me encantó.

Canción del mes. "Waterloo" (Abba, 1974) Vale, ya va, que quizá no es ni la canción más famosa de los suecos ni la mejor lograda, empero, es divertidísima. La verdad es que ni soy muy fan de ellos -aunque si están en mis listas de reproducción, por supuesto- mas oí esta canción en casa de un amigo mientras tomábamos unas copas y se me quedó grabada. Luego, en un rato de ocio, la busque en Youtube, vi el vídeo y recordé lo mucho que me gustaba Agneta Fältskog, la solista rubia, y menos pude sacármela de la cabeza (vean y oigan el vídeo oficial aquí)

Videojuego del mes. F12010 (Xbox 360, Codemasters, 2010) Para entender porque elijo este juego ni siquiera me voy a detener a criticar sus gráficas u otros méritos, haré en cambio una lógica elemental. Silogismo uno: el autor de estas líneas es un aficionado al deporte motor y adora los simuladores bien hechos. Silogismo dos: F1 2010 tiene una cantidad grosera -que va, groserísima- de realismo. Conclusión, única conclusión valida: el autor de estas líneas adora F1 2010 por que es un simulador bien hecho.

Y eso es todo... por este mes.

30 de enero de 2011

Recomendaciones del mes (enero)

Hoy, la entrada dominical se dedicará a algo parecido a lo que ya hice con aquella suerte de premiación de lo mejor y lo peor de año pasado. Y así como aquella tiene toda la intención de volverse una entrega anual, ésta se volverá una entrega mensual (de la última o la primera entrada del mes en cuestión) que recomiende un libro, película, canción, videojuego y cualquier otra cosa que lo amerite. Ojo, no es como aquella una premiación de lo mejor y lo peor del mes, sino una simple recomendación de algo que haya tenido oporunidad de conocer, revisar o hasta recordar en el mes en cuestión. Dicho tal, acá van las recomendaciones de enero:

Libro del mes. Sueño Profundo (Tusquets Editores, 2009), de Banana Yoshimoto. No tenía el gusto de conocerla pero en la cuarta de forros de la edición de Maxi Tusquets Antonio Lozano dice que comparte "... un universo fronterizo con el de Haruki Murakami...", lo que literalmente me obligó a comprar el libro. Lozano no sólo tiene razón, sino que olvida decir que a ese universo -realismo mágico, si ustedes quieren- Yoshimoto le pone un lindo toque femenino -femenino, no feminista, por favor- y consigue relatos profundos y sensibles de historias bastante comunes.

Pelicula del mes. El turista (The Tourist, 2010) Vale, ya va, que tampoco es la gran cosa pero pues casi no vi peliculas este mes y esa fue la más decente. No es buena, no, pero es muy entretenida. Depp logra una buena actuación sin el más minimo esfuerzo, Jolie hace bien su papel -el mismo de siempre, por cierto, nada dificil- y la trama se vuelve entretenida, con buen humor y con un final, aunque predecible, bien logrado. Veanla, pasan un buen rato.

Canción del mes. "Temeridad" (Olimpo Cárdenas) La escuche cuando regresaba en Metro de la universidad, cortesia de un vagonero que la anunciaba junto a otros exitos de boleros. Cuando una rola empieza meláncolica y dice "ayer era tu amante enternecido, hoy sólo soy tu amigo de ocasión", uno no tiene más que disfrutarla y, acaso, sufrirla (oiganla aquí)

Vieojuego del mes. Call of Duty: Black Ops (Activision, 2010) Una nueva entrega de la saga Call of Duty que, nuevamente, cumple con honores. La historia está locochona pero buena, sobretodo la reaparición del personajazo de Viktor Reznov. ¡Ah!, y J. F. Kennedy matando zombies junto a Castro y McNamara, no tiene madre, ¡fantástico!

Y creo que, para las primeras recomendaciones del primer mes del año, es suficiente. Ojala puedan verlas y dar su opinión. Hatsa mejor ocasión.

4 de enero de 2011

Lo mejor y lo peor del 2010

Es cierto que hoy no es ni domingo ni jueves y por tanto no toca entrada del blog, sin embargo, desde la última participación pasaron varios de esos días sin que la hubiera. La razón, sirva ahora de disculpa, fue que tuve que salir y no me dio tiempo de hacer una entrada que cerrara el año. Pensé en escribir una suerte de resumen del 2010 como última entrada y usaré esta entrada para eso mismo, digamos que es a la vez una última entrada del año pasado y la primera de este, una ambigüedad que a nadie hará daño.

Voy a poner en acción una idea que tenía en mente desde hace tiempo y que incluso rondó mi cabeza para este blog el año pasado y no pude concretar. Se trata de un resumen del año como una suerte de premiación de lo más notable y lo más lamentable del mismo según mi perspectiva. Aclaro de una vez pues que se trata de las cosas que vi -o descubrí, oí, leí...- este 2010, aunque no necesariamente hayan sido lanzadas en este año.

Mejor película. El Origen (Inception, 2010) Antes de que fuera a verla un amigo me dijo que era tan buena como Matrix o mejor, por lo que mis expectativas fueran muchas al entrar a la sala de cine.... y se quedaron cortas al salir. Una obra magistral que demuestra que Cristopher Nolan es un director fantástico y de paso un maestro de la buena Ciencia Ficción tan escasa hoy por hoy. Mención especial, por cierto, para Scott Pilgrim contra el mundo (Scott Pilgrim VS The World, 2010), maravillosa y entretenida.

Peor película. El retrato de Dorian Gray (Dorian Gray, 2009) Ni siquiera me voy a detener a decir por qué, es nefasta, no acierta en nada: pésimas actuaciones, horrible, guión, asquerosos efectos de sonido, deprimente soundtrack, y la cosa sigue...

Mejor libro. El fin de la Locura (Seix Barral, 2004), de Jorge Volpi. De nuevo, después de que el señor Volpi me cautivara con En busca de Klingsor (Seix Barral, 2004) hace unos años, vuelve al ataque con otro ejemplo de novela histórica hecha y derecha, ejemplar. Mención especial para Jerusalén (Almadía, 2009), de Goncalo Tavares, y El libro vacío (Fondo de Cultura Económica, 2006), de Josefina Vicens.

Peor libro. La elección es difícil porque realmente no tuve la desdicha de leer un mal libro este año, mas de escoger uno sería Caín (Alfaguara, 2009), de José Saramago. No está mal escrito ni le falta nada, es sólo que es un libro pretencioso, que antepone el morbo a la literatura y eso, eso no se hace. La única mancha en la carrera del maestro portugués.

Mejor canción. "International Love" (Fidel Nadal, 2008) Parte del soundtrack del FIFA 10, donde la escuche por primera vez y me dejo cautivado. La melodía ni siquiera es buena pero, que cojones, cada que abro Youtube la pongo y siempre la repito al menos tres veces. Me encanta (si no la conocen, pueden oirla aquí)

Peor canción. "We no speak americano" (Yolanda be cool, 2010) Sí, es esa, la del "Pa-Panamericano", no recuerdo cuando la escuche por primera vez pero maldigo ese día porque desde entonces cada que salgo he de escucharla y ya me tiene, disculpen el lenguaje, hasta la madre. Y no, no pienso poner un enlace para que la escuchen.

Mejor videojuego. Era, hasta hace dos semanas, FIFA 11 (EA Sports, 2010), por ser el mejor simulador de fútbol que existe, sin embargo, apenas compré y jugué el Starcraft II (Blizzard Entertainment, 2010), quedó bien claro que es por mucho el mejor juego del año. Es cierto que se pasaron de codiciosos al sacar sólo la campana Terran y hacer el juego sólo desbloqueable para jugar en línea pero, aún así, la campaña compensa todo. Fantástica.

Peor videojuego. Lo cierto es que me la pasé jugando FIFA y Call of Duty: Modern Warfare 2 así que había poca variedad pero, de escoger alguno, no hay más, me voy por Fable II (Lionhead Studios, 2008) Venía de regalo en la consola que les compraron a mis sobrinos junto al Halo 3, ellos me lo prestaron, mi hermana lo empezó a jugar, luego me animé yo y, bueno, fin de la historia: es espantoso, en serio, ¿a quién se le ocurrió hacer algo así?

Mejor serie televisiva. Ciencia al Límite (Fringe, Fox, 2008) Si de buena Ciencia Ficción se trata, estamos ante una obra maestra. Es cierto, a veces algo exagerada, pero siempre manteniendo un poco de verosimilitud (por cierto, eso define a la Ciencia Ficción) y con el plus de tener a Anna Torv, que me encantó desde el primer capítulo. Mención especial para Mike & Molly (CBS, 2010), divertidísima.

Peor serie televisiva. V (ABC, 2009) En el lado opuesto, una espantosa ciencia ficción, del nivel más bajo. Tengo el gusto de haber visto la versión original que tenía ese encanto ochentero y era un fantástico reflejo del pavor pavor gringo a la Guerra Fría, en cambio, el remake o actualización o lo que quiera que intentaron hacer el año pasado es una cosa lamentable, grosera.

Y creo que eso es todo, no se me ocurre que más premiar o criticar, aunque estoy abierto a sugerencias. Féliz año a todos, hasta el jueves.

6 de diciembre de 2010

En memoria de Manuel Acuña

Un día como hoy perdía la vida Manuel Acuña, quizá el poeta mexicano -o americano, si ustedes quieren- más extraordinario. Hoy hace 137 años que aquel romántico se arrebató la vida tomando cianuro, dejando un enorme legado y también un gran vacio, tantos y cuantos poemas más que no escribió.

Aquél sábado de 1873, algo hizo que Acuña deseara dejar de existir. Vivía en extrema pobreza y sufría una depresión profunda, ambas razones de peso para dar sensatez a un suicidio, sin embargo, ambas necesitan un detonante y Acuña pareció encontrarlo en su amor no correspondido por Rosario de la Peña. Siempre he creído que no vale la pena morir por nada ni por nadie, que nada vale más que tu vida misma, sin embargo, por eso mismo guardo un especial aprecio a aquellas personas que ofrendan su vida por alguien, que les importa tan poco su vida como para entregarla así. Creo, no sé, que es una cuestión de valor, algo que está al alcance de muy pocos.

Cierto amigo, siempre defensor de los argumentos más vanos y de las contradicciones más risibles, me dijo alguna vez que lo de Acuña era cobarde, que alguien en verdad notable pelearía por ella, que alguien que en vez de hacerlo se mataba no sentía verdadero amor por esa persona. Quizá sea cierto pero yo, que igual considero cobardes a los suicidas, me niego a creer que Manuel Acuña fuera un cobarde.

Es una contradicción que no puedo resolver. ¿Por que se suicidó Acuña?, sí, por su situación precaria de vida, lo que lo hace un cobarde; pero sí, también, por su incapacidad para vivir con el rechazo de Rosario, que también lo vuelve cobarde. Sin embargo, me niego a llamarle cobarde, me niego a considerar que un escritor de su tamaño sea un cobarde.

La literatura es de valientes, de hombres que hacen menos lo que es menos y más lo que es más. De tipos que no tienen nada que mostrar a los demás y que en ese afán demuestran todo. De guerreros, de soldados cargados con el arma más poderosa, la que atraviesa almas y no cuerpos. Acuña es de esos, Acuña no puede ser un cobarde y yo no puedo resolver mi contradicción.

Limitado a mi incapacidad, prefiero callar y dar voz, hoy, en su aniversario luctuoso, a Manuel Acuña. Sólo una poesía me ha hecho llorar (hablo de llorar en serio, no de acabar con los ojos llorosos), y esa es el Nocturno a Rosario que hoy honra este blog:



I

¡Pues bien!, yo necesito
decirte que te adoro,
decirte que te quiero
con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro,
que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto,
y al grito que te imploro
te imploro y te hablo en nombre
de mi última ilusión.

II

Yo quiero que tú sepas
que ya hace muchos días
estoy enfermo y pálido
de tanto no dormir;
que ya se han muerto todas
las esperanzas mías,
que están mis noches negras,
tan negras y sombrías,
que ya no sé ni dónde
se alzaba en porvenir.

III

De noche cuando pongo
mis sienes en la almohada,
y hacia otro mundo quiero
mi espíritu volver,
camino mucho, mucho
y al fin de la jornada
las formas de mi madre
se pierden en la nada,
y tú de nuevo vuelves
en mi alma a aparecer.

IV

Comprendo que tus besos
jamás han de ser míos;
comprendo que en tus ojos
no me he de ver jamás;
y te amo, y en mis locos
y ardientes desvaríos
bendigo tus desdenes,
adoro tus desvíos,
y en vez de amarte menos
te quiero mucho más.

V

A veces pienso en darte
mi eterna despedida,
borrarte en mis recuerdos
y huir de esta pasión;
mas si es en vano todo
y mi alma no te olvida,
¿qué quieres tú que yo haga
pedazo de mi vida?
¿qué quieres tú que yo haga
con este corazón?

VI

Y luego que ya estaba
concluido el santuario,
la lámpara encendida
tu velo en el altar,
el sol de la mañana
detrás del campanario,
chispeando las antorchas,
humeando el incensario,
y abierta allá a lo lejos
la puerta del hogar...

VII

¡Que hermoso hubiera sido
vivir bajo aquel techo.
los dos unidos siempre
y amándonos los dos;
tú siempre enamorada,
yo siempre satisfecho,
los dos, un alma sola,
los dos, un solo pecho,
y en medio de nosotros
mi madre como un Dios!

VIII

¡Figúrate qué hermosas
las horas de la vida!
¡Qué dulce y bello el viaje
por una tierra así!
Y yo soñaba en eso,
mi santa prometida,
y al delirar en eso
con alma estremecida,
pensaba yo en ser bueno
por ti, no más por ti.

IX

Bien sabe Dios que ese era
mi más hermoso sueño,
mi afán y mi esperanza,
mi dicha y mi placer;
¡bien sabe Dios que en nada
cifraba yo mi empeño,
sino en amarte mucho
en el hogar risueño
que me envolvió en sus besos
cuando me vio nacer!

X

Esa era mi esperanza...
mas ya que a sus fulgores
se opone el hondo abismo
que existe entre los dos,
¡adiós por la última vez,
amor de mis amores;
la luz de mis tinieblas,
la esencia de mis flores,
mi lira de poeta,
mi juventud, adiós


Descansa en paz, Manuel Acuña.

18 de junio de 2010

Adios Saramago, adios...

Pensé en dejar de momento este blog mientras terminó mi tesis de grado y disfrutó del Mundial de Sudáfrica, sin embargo, la muerte de José de Sousa Saramago me ha hecho casi correr al ordenador para, desde mi trinchera, expresar mi pésame y homenajearle.

Dice la portada del Ensayo sobre la ceguera, en la edición de Punto de Lectura: "Una novela que ha conmovido a millones de lectores." Lo cierto es sin embargo que es más bien Saramago el que ha conmovido a millones de personas. Tanto así que fue un amigo al quién yo recomendé la lectura de El evangelio según Jesucristo quien, apenas enterado, me informó, sabedor de que él y yo habíamos sido tocados en las mismas fibras por tal novela.

Mismo caso para un colega de la universidad (quien, de paso, me recomendó a mi el mismo texto) que no demoró en enviarme un correo para expresar su sentir ante la perdida del lusitano. Quisiera compartir aquí sus palabras, un par de frases que son un vivo ejemplo de como Saramago conmovía:
"Quisiera dar un gran homenaje para quien me enseñó a luchar contra los dioses. Pero lo más que dan mis fuerzas es para continuar su pelea, aunque sin su genialidad."
"Lloraré por Saramago, así, sin pudor, como se llora a un padre, a un maestro. Y de igual forma, secaré mis lágrimas y seguiré con su trabajo."
César Martínez.
Eso es la literatura de José Saramago, eso es la persona de José Saramago. El mundo perdió al mediodía de hoy a uno de los pilares de su pensamiento. A alguién que desde la trinchera de la literatura lideró una lucha contra la insensatez y el fanatismo, contra el egoismo, la indiferencia y la violencia. Que supo alzar la voz contra los tiranos escondidos y hermanarse con los desprotegidos y luchadores.

Su calidad literaria es indiscutible y le valió el Nobel. Sin embargo, allende eso, el nativo de Azinhaga no es admirado ni aplaudido por esos y tantos otros premios y reconocimientos que recibió, sino por haber tocado a sus lectores en lo más profundo de sus almas. Saramago murió tranquilo, quizá satisfecho, y acaso confiado de que la lucha que el inició no debe acabar con su muerte, sino alimentarse de ella.

Leí por la mañana, en las noticias de su muerte, que una chica afirmaba "nunca haber llorado tanto la muerte de alguién, y de hecho, nunca haber llorado a alguién que ni siquiera conocía." Olvida decir la susodicha que si conoció a Sarmago pues él, como todos los grandes literatos, han vaciado su persona en sus letras y han dejado ese universo para quienes las recorren. Quienes le leímos le conocíamos tan bien, y él nos conocía tan bien, que sentir su muerte no es una exageración sino lo contrario, una obligación.

Y aquí se acaban las palabras, aquí uno se calla como lo ha hecho el maestro. Y sólo quedan tres voces por decir: adios, Saramago, adios...

27 de septiembre de 2009

Sobre "El Cantar de los Nibelungos"

Tiempo atrás, como parte de las actividades de un curso de literatura fantástica y ciencia ficción que tuve ocasión de tomar en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM., la titular del mismo proyectó una pelicula, muda y en blanco y negro, que versaba sobre la vieja leyenda germánica de los Nibelungos.

Aquella película, una obra maestra de Fritz Lang (en realidad se trata de un par películas: Die Die Nibelungen: Siegfried y Die Nibelungen: Kriemhild's revenge, rodadas en 1924), era puesta ante nosotros para reforzar lo visto sobre los simbolismos y representaciones de la literatura fantástica y como estos se mantenían e incluso invadían el cine contemporáneo. Sin embargo, lo cierto es que desde que vi aquel filme quedé fascinado por la historia del héroe Siegfried y me prometí acercarme a la obra que, según nos dijo la maestra, inspiró a Lang.

El cumplimiento de mi promesa, debo confesarlo, se demoró indefinidamente, hasta hace unas semanas que compré mi edición Porrua de la Ninbelungenlied y leí la parte que revisaríamos para una clase de Literatura Alemana que estoy cursano. La lectura llenó todas mis expectativas y pronto me vi motivado -y por ende, obligado- a terminar el todo el libro.

Me parece que El Cantar de los Nibelungos, o La Pena de los Nibelungos, según una distinta alusión encontrada en una de las versiones de la obra, es una épica que nos permite reflexionar muy profundamente sobre varias cosas. Ya sea sobre la literatura medieval y su virtud de pasar de la tradición oral a la forma escrita, o sobre su importancia para la historia alemana pues resulta evidente que resume en ella, sino todas, si gran parte de las leyendas de los pueblos germánicos.

Cabe centrarse un poco en estos dos aspectos. El primero vale decirlo con brevedad pues es un asunto bien conocido, que las historias sobre los héroes, reyes y caballeros medievales eran pasados de generación en generación, y de lugar a lugar. Y como ocurría desde la grecia antigua, estas hazañas eran reunidas y cantadas por los jugalres y poetas que se aseguraban así de conservarlas en la tradición oral de quienes les prestaban su atención.

Así podemos brincar al segundo asunto pues es evidente que el conjunto de hazañas narradas en la Nibelungenlied, a pesar de que tiene una evidente carga simbólica e incluso argumental del cristianismo, es un magistral resumen no sólo de las leyendas y mitos de los germanos, sino de algunos de los hechos históricos más importantes de estos grupos.

Decir que esta obra es la pieza más antigua de la literatura propiamente germana y añadir que es una extraordinaria manera de comprender la manera de ver el mundo de los hoy alemanes, es conseguir un acierto inevitable. Más aún, es parte de la afirmación última que tiene que hacerse: : el Cantar de los Nibelungos es quizá el más magestuoso intento de un pueblo por buscar una identidad comun, por fusionar las múltiples historias que forman su pasado y darse así una identidad propia, plausible.

Así pues, no resulta raro pensar que el héroe Siegfried sea considerado eso precisamente, un héroe, alguien a quien admirar y de quien platicar sus virtudes. Que la propia Kriemhild, con todo y su insaciable y lastimosa sed de venganza, sea un vivo ejemplo de la manera en que los germanos de entonces veían y admiraban cierto tipo de femineidad, ya fuera la de ella o la de Brunildad, por seguro en todo distinta. O, por qué no, el honor y la lealtad de Hagen, quien a pesar de ser el verdugo de Siegfried, acapará la atención de la épica como una suerte de hombre justo y fiel.

Cada carácter, con sus cualidades propias es, me parece, un ejemplo más de un grupo de hombres que busca darse una indivualidad, ditinguirse y con eso, a pesar de las tragedías, venganzas, castigos, desamores, traiciones, etc, a pesar de eso, autonombrarse.

9 de julio de 2009

Libros, aquel preciado -y único- tesoro

Sí, es verdad, prometí que en la siguiente entrada de este blog subiría el segundo cuentacuentos. Y sí, dije que sería en breve. Sin embargo, la verdad, lo admito no sin pena o vergüenza, faltaré esta vez a ambas promesas. La segunda ya de manera evidente pues hace poco más de un mes de mi última entrada, aquella con las frases del "Batuta."

Y la primera, porque he decidido compartirles, en vez del cuentacuentos -que, por cierto, confieso tambien que aún no está listo-, una reflexión sobre un tema que ronda mi cabeza constantemente: la pasión por los libros.

Justo antier, mientras mi enfermera Mary me hacía la revisión medica antes de mi cita mensual con mi doctor, con el pretexto de hacer plática me preguntó que leía (pues siempre que voy al doctor, y siempre que voy a cualquier lado, llevo un libro conmigo), a lo que yo respondi lo cierto, que leía el libro de cuentos La Noche Navegable, de Juan Villoro.

Aquello fue sólo el pretexto o, dirán algunos, lo que romió el hielo. Pronto el tema pasó de lo buen escritor que es el susodicho Villoro, a la afición de Mary por Mario Benedetti y a la pasión compartida de ambos por un señorón de nombre Milan Kundera. Enseguida, salió a luz el asunto de los libros y una portentosa confesión de ella: "al comprar un libro te llevas un tesoro, como un boleto de un viaje, que puedes hacerlo cuando quieras."

Me dio la impresión que Mary, aunque aludía la compra del libro como la de un relato capaz de trasnportarnos a otro mundo, tambien refería el simple hecho de tomar aquel objeto capaz de ejercer esa función.

Hablo, pues, de este bendito gusto por tener libros, ya no sólo leerlos (lo que, a esta altura de mi enfermedad literaria, es más una medicina-y, por ende, una obligación- que un hobbie), sino por tenerlos. De esa ambición por comprar un libro que ya leí o tengo, porque hay una edición con mejor empastado, mejor diseño, mejor portada, qué sé yo; o aquella costumbre de entrar a una librería y no poder salir de ella sin algún ejemplar nuevo.

Comprar, tener, leer, releer y contemplar mis libros es algo que hago con una alegria que pocas otras cosas -o ninguna- reciben. En más de una vez y a más de una persona le he confesado que la única cosa que atesoro en la vida son mis libros, que mi orgullo más grande es ser un avido e incansable lector. ¿Por qué, a qué se debe que mi tesoro y orgullo sean esos pedazos de papel empastados, tan frágiles e inservibles en un sentido práctico?

Podría darle mil vueltas pero no puedo explicarlo, ni siquiera me lo explico yo mismo pero no puedo apreciar a otra cosa más que a mis libros. Recuerdo una canción de Joaquin Sabina, "Así estoy yo sin tí", extraordinaria, y la recuerdo porque en ella se le canta a una amante lo que es estar sin ella y jamás, en toda la melodia, se le dice. Hay miles de alusiones, de comparaciones, que tan sólo demuestran que por más cosas que se digan, simplemente no hay palabras para decir lo que es estar sin alguien. Así yo, sin poder explicar sensatamente el por qué de esta pasión, me limito a decir unas y otras palabras para explicar mi afición.

Comprar un libro es, lo ha dicho Mary, comprar un boleto a un viaje no precisamente redondo, que se puede hacer cuando se quiera, cuantas veces se quiera y que siempre, siempre es distinto. Adquirir un libro es pensar de inmediato en donde acomodarlo, al lado de quien ponerlo, como si ubicarlo junto a uno u otro autor fuera a hacerlo sentir incomodo. Abrir un libro es más que abrir una ventana, es construirla y abrirla a la vez, con cada letra, con cada frase, y cerrar el libro no es nunca cerrar ni derribar esa ventana.

Ver un libro maltratado es igual a ver un niño desamparado, y ver a una persona maltratar un libro -y subrayar es parte de maltratar- es como ver a un inféliz burlarse de ese niño. Regalar un libro es regalar ya no un viaje, sino un mundo entero; y recibir uno no es sólo eso, sino la obligación de volverse el primer habitante y el gobernante de ese lugar.

Eso y, por seguro, miles de cosas más sobrarían para explicar -sin explicar- lo que siento al comprar, tener, llevar, leer o simplemente ver algún libro. Mi cuarto es pequeño y en él, la mitad la ha ocupado un improvisado librero que ya he llenado. En el piso, sobre una manta limpia, he apilado otro montón de libros que ya no caben y que aguardan impacientes un lugar decente para ser acomodades. Pero ya no hay donde y la verdad es que prefiero sacar mi escritorio, mi ropero y hasta mi cama, antes que atentar contra ese tesoro.

Y sé que tarde o temprano tendré que hacerlo, al fin, qué más da, dormir en el piso, junto a mis libros, estoy cierto que será de sobra placentero. Eso o gastar, como buen bibliofilo, una respetable fortuna en un librero que albergue todos mis textos.

22 de diciembre de 2008

Sobre la pestilencia de Cortázar

Es indignante, pero ocurrió. Disfrutaba un taco de papas con chorizo en casa de cierta amistad universitaria cuando uno de los asistentes a aquello que era una celebración propia de éstas épocas se acercó y preguntó si leía o escribía algo actualmente. Respondí que este semestre había leído algunos cuentos que me faltaba conocer del argentino Julio Cortázar.
Al mencionar ese nombre, otra colega universitaria que se servía con esmero un taco de chicharrón en salsa verde nos interrumpió y lanzó una cuestión: "¿Qué estás leyendo de él" Respondí "Casa tomada y otros cuentos" y, como debe ser, me dijo que a ella le parecía esplendida esa colección. Yo asentí y ambos caímos en vítores para el literato argentino hasta que ella se despidió y pasó a un cuarto alterno.

Desde allá la escuché gritar a alguien: "¿A ti no te gusta Cortázar, un escritor argentino elevado, pero cabrón?" Una descripción escueta pero sincera. Escuché la respuesta: "Cortázar apesta." No supe quien la dijo y decidí que no me interesaba saberlo. Aquella chica insistió con la pregunta más sensata que se le hace a alguien que ha dicho que algo no le apetece o le disgusta: ¨¿Por qué?" Y la respuesta: "Nomás, porque apesta."

Quise saber que voz capaz de hilvanar dos idioteces tan monumentales pero me contuve. Es cierto que no la obra de Cortázar puede no gustar a todos pero al menos uno puede hacer un esfuerzo por identificar y decir las razones por las que le disgusta y sinceramente la respuesta de aquel sujeto me pareció tan insensata que ya escucharía al propio Cortázar riéndose.

Que Cortázar apeste por ser Cortázar es de risa loca. El mismo argentino, tan fascinado por el tema de los dobles que tantos y tan buenos escritos generó, sin duda haría un cuento "de una sentada" -como solía hacerlo- donde, sin el más mínimo insulto, ridiculizaría aquella respuesta.

Pensando en eso fue que quise responder a aquella afrenta literaria pero no encontré palabras y supe que la mejor manera era sacar mi libro de mi petaca y leer solo un párrafo para preguntar en donde infiernos estaba la pestilencia de Cortázar de la que el tipo se ufanaba. Al final, empero, me contuve pues no quise arruinar la velada en la que yo era sólo un invitado más.

Sin embargo, me queda la espinita y les paso a ustedes, lectores, mi inquietud. ¿Apesta Cortázar? No respondan como aquel, de improviso. Antes escuchen el capítulo siete de Rayuela, narrado por el propio Cortázar y entonces sí respondan, con sinceridad, ¿apesta Cortázar?



Yo, francamente, no percibo ninguna pestilencia.

16 de diciembre de 2008

El esplendido Élmer Mendoza

"Sala de espera. La modernidad de una ciudad se mide por las armas que truenan en sus calles, reflexionó el detective sorprendido por su insólita conclusión, ¿qué sabía él de modernidad, posmodernidad o patrimonio intangible? Nada. Soy un pobre venadito que habito en la serranía."

Con estas palabras comienza Élmer Mendoza su obra Balas de plata y creanlo, es sólo el perfecto inicio a una obra extraordinaria del que es actualmente uno de los mejores exponentes de la literatura nacional y el mejor -de entre los pocos- que escribe del tema del narcotráfico.

Pero empecemos por el principio, hablemos de como conocí a Élmer Mendoza. Tuve la chance de leerlo pues fue el tercer ponente que asistió a la Catedra Extraordinaria "Maestros del Exilio Español" en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM., en la especialidad titulada "Protagonistas de la Narrativa Mexicana Contemporánea" que imparte el célebre Gonzalo Celorio. Allí la costumbrees elegir varios autores que son leídos por los alumnos y comentados en la clase con la presencia de los escritores.

La novela elegida para Mendoza fue El amante de Janis Joplin, una extraordinaria obra que sigue la tormentosa vida de David Valenzuela, un sinaloense común y corriente que tras asesinar por error a un narcojunior ha de sufrir toda clase de peripecias hasta que la única solución es... bueno, lo mejor es que lean la novela, es un portento de trabajo.

Imaginen ustedes la escena, una novela que por su fluidez y amenidad es terminada en dos días y que al momento en que llega el autor a comentarla se ha leído ya en dos ocasiones. Y figurense a Élmer Mendoza con un pantalón de vestir café, un suéter de un tono más oscuro, el cabello corto rizado, los lentes y la barba apenas poblada, contemplando a la cátedra con poco menos de 50 impacientes alumnos.

Hablo primero Gonzalo Celorio y, como costumbre, nos maravilló a todos con su sabiduría y el análisis minucioso de la novela. Y lo mejor estaba por venir pues el micrófono paso a Élmer Mendoza que, de pocas palabras, sólo acertó a decir que había buscado con su novela usar el lenguaje para atrapar al lector. Fue entonces cuando uno de esos tantos alumnos de letras que buscan lucir sus cursos y lecturas le pregunto una mamarrachada- perdonen el termino- que iba más o menos así: "¿usted consideraría que su novela pone de manifiesto un problema nacional y lo denuncia mostrándolo con gran crudeza con una prosa que no es rebuscada y sí muy lucida? Mendoza sólo sonrió y respondió, sincero, "no sé."

Fue lo más grande entonces. Quien esperaba una respuesta que quintaesenciara el conocimiento estaba frente al tipo equivocado pues Élmer sólo dijo: "no sé si mi novela muestra algo, yo sólo busco atrapar al lector y hacer personajes entrañables." Tal simpleza podría resultar ofensiva de no ser por que en efecto todos, sí, todos y cada uno de sus personajes son entrañables y uno ve con pavor que la novela se acerca al final pues sabe que ya no habrá más historias ni vivencias de los tipos que lo han acompañado y que casi puede ver a su lado.

Autores fueron y autores vinieron a la cátedra y ninguno, a pesar de que varios valían la pena, ninguno conmovió tanto como Mendoza. Yo no dude en comprar otra novela de él para comprobar si era un buen escritor o sólo había tenido suerte en esa novela. Entonces pasaron por mis manos Un asesino solitario y Cobráselo caro, y ya para entonces yo era un fan declarado.

Pero aún me faltaba leer la obra más extraordinaria, Balas de Plata, ganadora del Premio Tusquets Editores de Novela 2007 y que de nuevo nos muestra las peripecias de un personaje entrañable de sobra: Edgar "zurdo" Mendieta. Pero, lo que ya he dicho antes, no sólo él, sino el resto de personajes (yo me enamoré de la agente Gris, sí, perdidamente) hacen que quieras devorar la novela pero a la vez rogar por que no se acabe pues cada capitulo es de un placer inmensurable.



¿Qué tiene Élmer Mendoza?, ¿por qué tal fascinación de mi parte al grado de ser mi primera entrada de este nuevo blog sobre el autor sinaloense? En una palabra, es extraordinario. En dos, es extraordinario y portentoso. En más de dos, me atrevo a responder que tiene tres cosas maravillosas en sus novelas y que me han cautivado.

Primero, el ya aludido manejo de los personajes haciendo que el lector conozco a fondo y comprenda no sólo al principal (como es común en el genero novelesco) sino a prácticamente todos. Segundo, el lenguaje, muy al estilo de José Saramago sin usar guiones y escribiendo de corrido con sólo comas y puntos pero recurriendo a modismos y tonos -sí, tonos- en sus personajes de manera que sin que sea necesario que agregué un "repuso Edgar" o "contesto Canizales" sepas quien está hablando (y esto ya a partir de la pagina 10, por cierto) sin temor a equivocarte. Y tercero, por las historias. Éste ultimo en dos sentidos, tanto por lo interesante y cautivante de las mismas y como éstas se vuelven tan redondas que no deja cabos sueltos ni puntos sin comprender, como por el trasfondo que siguen, toda esa vorágine de narcotráfico, policías, guerrilleros, sospechosos, políticos y un largo etcétera en el que ninguno sobra y todos se vuelven ladrillos fundamentales de las novelas.

Y sin duda, si ustedes lo leen me podrán reclamar que hace falta un cuarto o quinto punto para explicar por que Mendoza es una lectura tan recomendable. O quizá, como yo, se limiten a decir en una palabra que su obra es extraordinaria.

Es época de regalos y aunque sé que uno de cada cien cabrones regala libros y más de la mitad de esos son libros de superación personal o de Carlos Cuauhtemoc Sánchez, igual me permito recomendarles que, de regalar un libro éstas vacaciones, que sea uno de Élmer Mendoza. El que sea, elijan al azar, por precio, por portada... el que sea garantizo que les gustara.

Mientras tanto, yo me despido prometiendo una entrada de algún otro tema... ya se me ocurrirá. Hasta entonces.