15 de marzo de 2012
Hipatia
Hace un par de semanas, el 8 de marzo concretamente, todo mundo estaba vuelto loco con el Día Internacional de la Mujer, una celebración que a mi, con el riesgo de que me crucifiquen y no terminen de leer la entrada, me parece de lo más absurda, ridicula e innecesaria.
He sido, soy y seré siempre un defensor en palabras y acciones de la igualdad entre hombres y mujeres. Igualdad, claro está, en oportunidades y derechos, pues no hay razón para defender que nosotros los varones merecemos más que ellas. Sin embargo, es precisamente esa igualdad que defiendo la que me parece se ve amedrentada con celebraciones como la de aquel día que más bien me parecen rezago de una época machista que no parecemos capaces de superar.
Así como hay un Día Internacional de la Mujer, un día que celebra el simple hecho de ser mujer, debía haber tambien un Día Internacional del Hombre, que celebre el simple hecho de ser hombre. ¿Suena absurdo, verdad?, pues lo es, y es por eso que, de hecho, no deberían existir ninguno de los dos días. Insisto, seré crucificado por todo esto que digo pero, esque el asunto es que no hay que celebrar a la mujer sólo por ser mujer porque eso es tanto como todo el tiempo que el hombre se vanaglorio de ser hombre y hacer menos a la mujer.
Hay, sin embargo, en el trasfondo de la celebración algo que no puede ser ignorado. La Organización de las Naciones Unidas define al 8 de marzo más concretamente como el "Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional", algo mucho más sensato y coherente. Sin embargo, el problema es que el día no se celebra así salvo en contadasexpresiones y la cosa se va por el otro lado, por la simpleza de que hay que celebar a la mujer, así nomás, y no lo otro, sus derechos y la pesada e incanzable lucha que han tenido por ganarselos.
Y hoy, 15 de marzo, viene a colación este tema porque hoy se conmemora -aunque no sé si la palabra resulta atinada- la muerte (léase: asesinato) de Hipatia, una mujer que representa esa lucha por los derechos. Una que es el vivo ejemplo de la igualdad pues en una época en la que ésta no existia, fue capaz de conseguir sus metas y destacar. No demostró que es mejor que los hombres, algo que se dice mucho cuando se alaba a una mujer, sino que fue igual de capaz que ellos pese a la adversidad. Y eso, precisamente eso, es lo que hay que celebrar
Hipatia de Alejandría, nacida en el siglo IV de nuestra era, fue una destacada filosofa, astronoma, matematica y maestra. Por si no lo han notado, ya en esa definición está lo maravilloso, una mujer fue todo eso en una época en la que el simple hecho de que ellas alzaran la voz ya era considerado ímpío. Por si eso no bastase, Hipatia destacó en cada una de sus disciplinas con ideas avanzadas para su época.
La brillante pensadora fue asesinada por un grupo de cristianos que tomaron como pretexto una disputa política de la que la inculparon, cuando la razón de fondo no era otra que la molestia de que una mujer fuera tan capaz y, de paso, sugiriera ideas que, por lo avanzado que eran, a los creyentes les parecieron paganas y blasfemas. Arrastrada por el ágora de la ciudad, insultada, desnudada y finalmente acribillada a pedradas, Hipatia murió y, como una suerte de presagio o castigo, a su muerte le siguió el incendio de la enorme Biblioteca Real de Alejandría y, con ello, un largo periodo de oscuridad intelectual.
Sin embargo, hoy 15 de marzo no hay ni un sólo anuncio u homenaje por ningún lado. Ni uno sólo. El 8 de marzo hubo cualquier cantidad de homenajes y palabras vacias en todos los medios y ni siquiera entonces hubo mención de ésta brillante mujer. A mi, que soy medio apatico con las fechas y me gusta que se celebren sólo si son dignas, me habría encantado que el Día Internacional de la Mujer fuera hoy 15 de marzo y que su figura fuera la de Hipatia, cuya silueta se vería preciosa presente en todos los anuncios que la celebrasen.
Porque, para mi, lo hecho por ella ha de celebrarse por todo lo alto, por todos. Por los hombres, quienes además le debemos una disculpa en nombre de aquellos insensatos que le asesinaron; y por las mujeres que deben sentir un profundo y sincero orgullo de ella. De cualquier manera, yo desde mi trinchera lanzo el grito al cielo y pido que no celebremos absurdos como el del 8 de marzo y que en cambio hoy recordemos a Hipatia y con ella a tantas mujeres que, pese a la adversidad y a lo absurdo que era el mundo que vivían, demostraron que hombres y mujeres somos iguales. No mejores unos a los otros, no, simplemente iguales.
Y como bonus track a la entrada, les dejo el trailer en español de la película Ágora, de Alejandro Amenábar, y con la brillante actuación de Rachel Weisz. Disfrutenla y, si pueden, vean la película, es muy atinada.
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3 de febrero de 2012
De Tin Tan y... The Beatles
Hoy, mientras retiraba los adornos navideños del café donde laboro -no lo hicimos antes por olvido o, mejor aún, porque la tradición marca que se quitan hasta el día de la Candelaria, ¿o no?- escuchaba uno de mis discos favoritos, a saber, una recopilación de grandes éxitos de Germán Váldez "Tin Tan." En esa labor tan placentera -la de escucharlo, claro está- me encontraba cuando en una de las melodías reconocí un par de acordes muy familiares y pronto descubrí que escuchaba una versión algo libre y muy ocurrente de una canción que conocía en otro idioma y con otras voces.
Tuve que ir hacía el reproductor de DVD y repetir la canción para cerciorarme de lo que había descubierto. No podía ser. Se me figuraba raro, curioso, pero no imposible. En efecto, Tin Tan interpretaba una canción de The Beatles, y una de mis favoritas, "I want to hold your hand." Si ya saben de cual hablo, les aplaudo y admiro, sino, acá pueden escucharla:
La canción literalmente dice "quiero sostener tu mano", y de esa simple frase el maestro Tin Tan hace uso de todo su talento y crea la pieza que yo escuchaba y que les comparto enseguida. Se llama, los reto a no reirse, "Quiero rascarme ahí." Disfrutenla.
Pues bien, la cosa para mí no podía quedarse en eso y apenas terminé lo que me ocupaba me di a la tarea de investigar si existía un vinculo entre el comediante mexicano y el cuarteto de Liverpool (además de lo evidente, que ambos son brillantes, portentosos, geniales) o si la canción era un simple cover como tantos que se han hecho. Y, como es de sospecharse, lo primero que descubrí es que lo hecho por Tin Tan con esa melodía no era un simple cover, mucho menos una parodia ni una burla sino el más sincero, personal y original de los homenajes. Es decir que, como no podía ser de otra manera, Tin Tan admiraba a The Beatles.
Y lo que resulta aún mejor, los ingleses sentían el mismo respeto y por seguro la misma admiración por el creador de la figura de el Pachuco. Sí, así como lo oyen, a la grandeza de Tin Tan -ya reconocida internacionalmente por propios y extraños- hay que sumarle el dato curioso: entre sus fans estaban The Beatles.
Pero la historia no termina ahí y falta lo mejor. "Quiero rascarme ahí" es el homenaje de Tin Tan a The Beatles, pero, ¿y de ellos a Tin Tan, hay alguno? Sí. Y la verdad, confesión de blogger, me da un poco de vergüenza que un servidor, tan aficionado de ambos artistas, se enteré de esta historia tan de sopetón y casi casualidad. En 1967, Paul McCartney y John Lennon pidieron al artista pop Peter Blake que diseñará la portada de su último álbum, Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, y la misma debía incluir objetos y rostros de personajes representativos del mundo.
Ringo Starr sugirió entonces que en la imágen apareciéra Tin Tan, lo que los demas beatles aprobaron y Blake se puso en contacto con el mexicano, quien aceptó la oferta. Sin embargo, de última hora, el comediante cambió de decisión y en una llamada telefonica le comunicó a Starr que no asistiría pero que en su lugar mandaría a un representante.
Así, en la imágen arriba de estas líneas (la mentada portada del disco), en la parte superior central, en el hueco a la derecha de Edgar Allan Poe, está el espacio vacio que debía ocupar Tin Tan. El representante que mandó el comediante mexicano -en un sobre cerrado que recibió Ringo Starr con la inscripción "Saludos de Tin Tan"- aparece en la parte inferior derecha de la foto: un arbol de la vida diseñado por un alfarero de Metepec.
La razón de la repentina cancelación de Tin Tan es un absoluto misterio pues todo quedó entre él y Ringo Starr en aquella lamada telefónica. La sugerencia más aceptada es que el mexicano creía que no era digno de aparecer en la portada como representante de México y que en su lugar era más representativo el arbol de la vida. Sea como fuera, y mientras Star no revele los detalles de la conversación, el hecho es que se perdió la oportunidad de que Tin Tan se inmortalizara en la portada del que muchos consideran el mejor álbum de The Beatles.
Para la historia queda la anecdota y el arbol de la vida, como muestras de la admiración de los ingleses hacía el mexicano, y la tremenda versión que éste hiciera de una de las canciones más emblemáticas como muestra de la suya a ellos. Para mí, que a la distancia admiro a ambos de sobremanera, la canción de Tin Tán y la portada de aquel disco son como una suerte de regalo soñado, algo como aquel sobre que recibió Ringo Starr, pero en este caso con un mensaje aún mejor: "Saludos de Tin Tan y... de The Beatles."
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9 de noviembre de 2011
Un 9 de noviembre...
Seguramente la lista de acontecimientos que pondré a continuación les pareceran a ustedes tan insignificantes como la lista del super luego de hacer las compras. Sin embargo, mientras viajaba por la red me llamó muchísimo la atención que tantos y tales acontecimientos coincidan en el mismo día, un 9 de noviembre. Miren:
- En 1799, Napoleón Bonaparte establece el Consulado y, claro, se autonombra el primer cónsul. El primer paso dado para su eventual imperio.
- En 1918, Wilhelm II abdica su trono tras la derrota de Prusia en la Gran Guerra. Es la abdicación, por cierto, del último Kaiser alemán o, si lo prefieren, del último emperador de Prusia.
- En 1923, fracasa el Putsch de München orquestado por Adolf Hitler y Erich Ludendorff. El primer intento de Adolf Hitler por tomar, a la fuerza, el poder en Alemania.
- En 1925, en Alemania, se funda la Schutzstaffel, o sea, la SS. Nació entonces como guardia personal de Hitler y eventualmente se convertiría en el más importante organo de inteligencia y represión del reigmen nacionalsocialista.
- En 1938, tambien en Alemania, la misma SS. lleva a cabo lo que hoy se conoce como Noche de los cristales rotos, un ataque organizado a los comercios y ciudadanos judios de Alemania. Por seguro, la primer muestra abierta de las intenciones de Hitler que después llevarían al holocausto.
- Y en 1989, la que seguro se conmemora más, de nuevo en Alemania, la República Democrática de Alemania (Alemania oriental) decide la apertura de sus fronteras y, acto seguido, cae el Muro de Berlín.
El mero listado de acontecimientos debería bastar para que esta entrada cumpla pero, sólo para complementar, ahí les va una breve, arriesgada y por seguro infundada reflexión. Vayamonos, dijera Jack, por partes. No sólo me llamó la atención que fueran todos acontecimientos de suma importancia -al menos, para cada una de sus naciones- sino que, curiosamente, todos marcaron de alguna manera un antes y un después. Son, pues, guardando las escalas con otras fechas que así son consideradas: fechas hito.
Me explico: El 9 de noviembre de 1799, la Revolución Francesa pasó de ser ese levantamiento idealista de 1789, que pugnaba la caída del viejo regimen y acabó degollando a su monarca para convertirse.... en un imperio en todo el sentido de la palabra. De hecho, esa fecha es la que oficialmente se toma para determinar el fin de la Revolución Francesa pues en ese momento cayó el último de sus gobiernos (el Directorio) y cedio paso al Consulado. Bueno, es cierto que el consulado no era ya el imperio pero era el primer paso y no dudo en pensar que en la brillante mente de Napoleón ya formaba parte de sus planes para su eventual mandato.
El 9 de noviembre de 1918, Wilhelm II abdica su trono, se retira el último de los emperadores alemanes y, en adelante, nada habría de ser igual en ese país centroeuropeo. Si bien ya desde que el gran Otto von Bismarck uniera a los reinos bajo el mandato de Prusia se puede hablar de Alemania como nación, es hasta después de la derrota bélica y la abidación del imperio que, poco a poco -con la República de Weimar, con las pugnas políticas subsecuentes-, se fue conformando lo que a todos fines y sentidos es Alemania como estado moderno.
Los cuatro siguientes están asombrosamente unidos, tanto que sorprende que sean mera coincidencia. En 1923 fracasa el primer intento de tomar el poder de Hitler, el Putsch de München. ¿Qué antes y qué después marca?, uno bien importante que no se ve en términos de nación como los anteriores, sino en lo individual: le enseñó al pequeño bigotón austriaco que, por más bueno que fuera hablando y convenciendo a la gente, no podría tomar el poder a la fuerza y habría que adueñarse de él desde adentro. Lo que no te mata, en efecto, te hace más fuerte, y a Hitler ese tropiezo le dio gran fuerza.
El de 1925 y 1938 parecen unidos por el destino, por la fatalidad. En el primer año se forma un grupo policiaco y de inteligencia, una elite destinada a proteger a Adolfo Hitler y luego a comandar todas las actividades paramilitares de su regimen. Tiempo después, ya consolidada y con toda la autoridad legal y militar, la SS efectua el primer ataque abierto a los judios en Alemania al arrestar a miles de ellos y destruir una buena cantidad de sus negocios. Es obvio, lectores, el cambio que eso marca: antes eran palabras, amenazas, una que otro ataque nocturno a la población judia, pero después de ese 9 de noviembre se declaró la guerra franca a los judios y se empezo una serie de embates que terminó en el deplorable y asqueroso holocausto.
Y finalmente, el que menos presentación necesita -o debe necesitar-, el 9 de noviembre de 1989, la caída del Muro de Berlín. Aquel jueves, ciudadanos alemanes tomaron en sus manos, con marros, martillos y piedras, la disposición de la República Democrática Alemana de abrir sus fronteras a la República Federal de Alemania y derriban aquello que más que una columna de cemento era el simbolo de una división que cada vez se volvía más absurda. Una caída que encuentra sentimientos en la medida que es vista por unos -capitalistas, gringos, derecha- como la victoria última y por otros -socialistas, conunistas, izquierda- como la triste derrota y el fin de un sueño. Para mi, ajeno a ambas posturas quizá por no haberlas vivido ya de cerca, significa no otra casa que lo dicho. el término de una disputa absurda que incapaz de luchar en los terrenos que debía, se llevo entre las patas a un país que se vio lascerado por la más antigua y retrógada de las divisiones: la que entre más cemento y más altura tenga, más eficaz se considera.
No sé ustedes pero al menos este servidor considera, a partir de este 9 de noviembre, que este es un día especial por todo lo que paso, por tantos cambios que ocurrieron. No sé si sea un día para celebrarlo, conmemorarlo o lamentarlo, pero si para tenerlo bien presente y no olvidar que, en todos los planos y en todos los lugares, todo puede cambiar en un día. Eso enseña la historia, a ver que aprendemos de eso nosotros. A ver que aprendemos de un 9 de noviembre...
- En 1799, Napoleón Bonaparte establece el Consulado y, claro, se autonombra el primer cónsul. El primer paso dado para su eventual imperio.
- En 1918, Wilhelm II abdica su trono tras la derrota de Prusia en la Gran Guerra. Es la abdicación, por cierto, del último Kaiser alemán o, si lo prefieren, del último emperador de Prusia.
- En 1923, fracasa el Putsch de München orquestado por Adolf Hitler y Erich Ludendorff. El primer intento de Adolf Hitler por tomar, a la fuerza, el poder en Alemania.
- En 1925, en Alemania, se funda la Schutzstaffel, o sea, la SS. Nació entonces como guardia personal de Hitler y eventualmente se convertiría en el más importante organo de inteligencia y represión del reigmen nacionalsocialista.
- En 1938, tambien en Alemania, la misma SS. lleva a cabo lo que hoy se conoce como Noche de los cristales rotos, un ataque organizado a los comercios y ciudadanos judios de Alemania. Por seguro, la primer muestra abierta de las intenciones de Hitler que después llevarían al holocausto.
- Y en 1989, la que seguro se conmemora más, de nuevo en Alemania, la República Democrática de Alemania (Alemania oriental) decide la apertura de sus fronteras y, acto seguido, cae el Muro de Berlín.
El mero listado de acontecimientos debería bastar para que esta entrada cumpla pero, sólo para complementar, ahí les va una breve, arriesgada y por seguro infundada reflexión. Vayamonos, dijera Jack, por partes. No sólo me llamó la atención que fueran todos acontecimientos de suma importancia -al menos, para cada una de sus naciones- sino que, curiosamente, todos marcaron de alguna manera un antes y un después. Son, pues, guardando las escalas con otras fechas que así son consideradas: fechas hito.
Me explico: El 9 de noviembre de 1799, la Revolución Francesa pasó de ser ese levantamiento idealista de 1789, que pugnaba la caída del viejo regimen y acabó degollando a su monarca para convertirse.... en un imperio en todo el sentido de la palabra. De hecho, esa fecha es la que oficialmente se toma para determinar el fin de la Revolución Francesa pues en ese momento cayó el último de sus gobiernos (el Directorio) y cedio paso al Consulado. Bueno, es cierto que el consulado no era ya el imperio pero era el primer paso y no dudo en pensar que en la brillante mente de Napoleón ya formaba parte de sus planes para su eventual mandato.
El 9 de noviembre de 1918, Wilhelm II abdica su trono, se retira el último de los emperadores alemanes y, en adelante, nada habría de ser igual en ese país centroeuropeo. Si bien ya desde que el gran Otto von Bismarck uniera a los reinos bajo el mandato de Prusia se puede hablar de Alemania como nación, es hasta después de la derrota bélica y la abidación del imperio que, poco a poco -con la República de Weimar, con las pugnas políticas subsecuentes-, se fue conformando lo que a todos fines y sentidos es Alemania como estado moderno.
Los cuatro siguientes están asombrosamente unidos, tanto que sorprende que sean mera coincidencia. En 1923 fracasa el primer intento de tomar el poder de Hitler, el Putsch de München. ¿Qué antes y qué después marca?, uno bien importante que no se ve en términos de nación como los anteriores, sino en lo individual: le enseñó al pequeño bigotón austriaco que, por más bueno que fuera hablando y convenciendo a la gente, no podría tomar el poder a la fuerza y habría que adueñarse de él desde adentro. Lo que no te mata, en efecto, te hace más fuerte, y a Hitler ese tropiezo le dio gran fuerza.
El de 1925 y 1938 parecen unidos por el destino, por la fatalidad. En el primer año se forma un grupo policiaco y de inteligencia, una elite destinada a proteger a Adolfo Hitler y luego a comandar todas las actividades paramilitares de su regimen. Tiempo después, ya consolidada y con toda la autoridad legal y militar, la SS efectua el primer ataque abierto a los judios en Alemania al arrestar a miles de ellos y destruir una buena cantidad de sus negocios. Es obvio, lectores, el cambio que eso marca: antes eran palabras, amenazas, una que otro ataque nocturno a la población judia, pero después de ese 9 de noviembre se declaró la guerra franca a los judios y se empezo una serie de embates que terminó en el deplorable y asqueroso holocausto.
Y finalmente, el que menos presentación necesita -o debe necesitar-, el 9 de noviembre de 1989, la caída del Muro de Berlín. Aquel jueves, ciudadanos alemanes tomaron en sus manos, con marros, martillos y piedras, la disposición de la República Democrática Alemana de abrir sus fronteras a la República Federal de Alemania y derriban aquello que más que una columna de cemento era el simbolo de una división que cada vez se volvía más absurda. Una caída que encuentra sentimientos en la medida que es vista por unos -capitalistas, gringos, derecha- como la victoria última y por otros -socialistas, conunistas, izquierda- como la triste derrota y el fin de un sueño. Para mi, ajeno a ambas posturas quizá por no haberlas vivido ya de cerca, significa no otra casa que lo dicho. el término de una disputa absurda que incapaz de luchar en los terrenos que debía, se llevo entre las patas a un país que se vio lascerado por la más antigua y retrógada de las divisiones: la que entre más cemento y más altura tenga, más eficaz se considera.
No sé ustedes pero al menos este servidor considera, a partir de este 9 de noviembre, que este es un día especial por todo lo que paso, por tantos cambios que ocurrieron. No sé si sea un día para celebrarlo, conmemorarlo o lamentarlo, pero si para tenerlo bien presente y no olvidar que, en todos los planos y en todos los lugares, todo puede cambiar en un día. Eso enseña la historia, a ver que aprendemos de eso nosotros. A ver que aprendemos de un 9 de noviembre...
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31 de octubre de 2011
Recomendando... Espinoza Paz
Sí señores, a petición de todos ustedes, vuelve al blog la sección "Recomendando." Ýa sé que no la extrañaron y que realmente tampoco la pidieron pero, por si acaso, acá está de vuelta y lo hace con una recomendación que hasta al que esto escribe le sorprende: la del cantautor sinaloense Isidro Chavez Espinoza, mejor conocido como Espinoza Paz. Y la razón de que lo recomiende cumple con la razón de ser de esta sección: recomendarles algo que me guste para que lo escuchen y, bueno, decidan.
Porque, ese es el asunto, que la música de Espinoza Paz me ha acabado por gustar, a mi que no soy muy amigo de su género musical y que le guardo muchas desavenencias. Lo bueno de que el tipo este de moda -no me vayan a salir con que no lo conocen. Y si sí, vean un programa que sale los domingos en el canal 2- es que me permite ahorrarme varías líneas para presentarlo y me deja ir directo al grano. Sólo, como preámbulo, decir que el tío tiene ya en su haber varias canciones interpretadas o compuestas que han caido bien en el gusto del público y de la crítica musical.
Ahora bien, la razón concreta de que me guste y de que me atreva a recomendarla acá es, creo -y resalto el creo, porque no tengo la certeza-, porque sus rolas son de una calidad superior a las demás del género y las siento, en ese sentido, diferentes. Revisando su nombre en google encontré algunas criticas a su trabajo y todas iban en el sentido de que sus melodías abusaban en simpleza y se desprendían todas de temas cliché. Necesariamente, debo coincidir con esas críticas y a la vez contradecirlas.
Me explico: en efecto son melodias simples de temas populares porque el género así lo exige (todos los grupos cantan de lo mismo y con la misma simpleza, pues), sin embargo, creo que Espinoza Paz se distingue de la mayoría de ellos porque a eso le añade su toque personal que es, de paso, un toque de calidad. Ese toque que lo hizo distinguirse tan rapido entre todo el mundo grupero y de banda y que comparte con otros que uno reconoce apenas se oye la rola (El Recodo, La Arroladora Banda el Limón, etc)
Sin embargo, pese a todo lo anterior, tengo que reconocer que Espinoza Paz es lo que vulgarmente se conoce como un gusto culpable. Apenas el viernes pasado disfruté una lunada maravillosa con mi pareja y algunos amigos de ella y, llegado el momento de las canciones para cantar, tocó una de ese muchacho y de lejos, pero en serio de lejos, fue la que más disfrute y la que, luego de aprender la letra, más cante a voz de tenor. Una cosa llevo a la otra y más pronto que temprano me vi reconociendo que la música de ese chaval me convencía.
Así que, ya sea para que lo conozcan, para que disfruten de sus rolas si ya son fans, o simplemente para que lo critiquen con su música de fondo, acá les dejo los videos del par de rolas que más me gustan. Primero, curiosamente, la primera que escuche de Espinoza Paz: "¿Lo intentamos"
Y segundo y gran colofón de la entrada, la rola que me acabó por convencer y que canté el último viernes. Se llama, irónia incluída, "El próximo viernes."
Porque, ese es el asunto, que la música de Espinoza Paz me ha acabado por gustar, a mi que no soy muy amigo de su género musical y que le guardo muchas desavenencias. Lo bueno de que el tipo este de moda -no me vayan a salir con que no lo conocen. Y si sí, vean un programa que sale los domingos en el canal 2- es que me permite ahorrarme varías líneas para presentarlo y me deja ir directo al grano. Sólo, como preámbulo, decir que el tío tiene ya en su haber varias canciones interpretadas o compuestas que han caido bien en el gusto del público y de la crítica musical.
Ahora bien, la razón concreta de que me guste y de que me atreva a recomendarla acá es, creo -y resalto el creo, porque no tengo la certeza-, porque sus rolas son de una calidad superior a las demás del género y las siento, en ese sentido, diferentes. Revisando su nombre en google encontré algunas criticas a su trabajo y todas iban en el sentido de que sus melodías abusaban en simpleza y se desprendían todas de temas cliché. Necesariamente, debo coincidir con esas críticas y a la vez contradecirlas.
Me explico: en efecto son melodias simples de temas populares porque el género así lo exige (todos los grupos cantan de lo mismo y con la misma simpleza, pues), sin embargo, creo que Espinoza Paz se distingue de la mayoría de ellos porque a eso le añade su toque personal que es, de paso, un toque de calidad. Ese toque que lo hizo distinguirse tan rapido entre todo el mundo grupero y de banda y que comparte con otros que uno reconoce apenas se oye la rola (El Recodo, La Arroladora Banda el Limón, etc)
Sin embargo, pese a todo lo anterior, tengo que reconocer que Espinoza Paz es lo que vulgarmente se conoce como un gusto culpable. Apenas el viernes pasado disfruté una lunada maravillosa con mi pareja y algunos amigos de ella y, llegado el momento de las canciones para cantar, tocó una de ese muchacho y de lejos, pero en serio de lejos, fue la que más disfrute y la que, luego de aprender la letra, más cante a voz de tenor. Una cosa llevo a la otra y más pronto que temprano me vi reconociendo que la música de ese chaval me convencía.
Así que, ya sea para que lo conozcan, para que disfruten de sus rolas si ya son fans, o simplemente para que lo critiquen con su música de fondo, acá les dejo los videos del par de rolas que más me gustan. Primero, curiosamente, la primera que escuche de Espinoza Paz: "¿Lo intentamos"
Y segundo y gran colofón de la entrada, la rola que me acabó por convencer y que canté el último viernes. Se llama, irónia incluída, "El próximo viernes."
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24 de octubre de 2011
Historia de una ida y una vuelta
Si reconocieron el guiño literario del titulo, congratulaciones. Sino, qué importa -están estadisticamente perdonados-, lo único que vale es que me pareció genial usarlo para esta entrada que es la conclusión de la anterior, en la que prometí una reflexión más extensa sobre mi partida de la ciudad o, si ustedes prefieren, sobre mi vuelta a Temascaltepec de González. Y lo prometido, en este blog, siempre es deuda.
Bueno, más que una conclusión es una entrada aparte y es una que no sé ni como empezar, como escribir y como terminar así que, con el perdón o la indiferencia de ustedes, la iré escribiendo según me vaya inspirando. A lo bestia, pues. Temascaltepec de González -en delante, Temas, para mayor comodidad- es, para decirlo en cinco palabras, el pueblo de la familia. De allí es originaria la familia de mi padre, y mi madre, si bien no es de ahi, pasó gran parte de su juventud y vida adulta en él antes de que decidieran mudarse a la ciudad de México.
A partir de ese momento, en que la ciudad acogió a mis padres y nos vio crecer a mis hermanos y al que esto escribe, tanto mis padres como nosotros "convertimos" a Temas en el lugar al que ibamos a distraernos, divertirnos y, claro, visitar a los muchos familiares que dejo atrás la partida. Por alguna azaroza -y acaso sicológica- razón, me cuesta enormidades recordar casi cualquier cosa que me ocurriera antes de mi adolescencia e incluso en ella y ciertamente mis recuerdos de infancia son pocos e inconexos, sin embargo, muchos de ellos -y muchos de los mejores- son de Temas.
De niño, muy niño, los recuerdos son escasos pero sé con certeza que todos son gratos. Cosas de niños, por seguro, juntarse con toda la "huachada" y correr de arriba abajo por las calles empedradas, bajar a la plaza o al kiosco a no hacer otra cosa que inventar juegos y agotarlos, echar la cascara y terminar el día con una nieve y un pan que a la fecha sigo sin saber como se llama pero era y es una delicia (a saber, un par de rebanadas de pan esponjosito con un relleno cremoso y rojo -de fresa, supongo- en el centro)
Más grande las memorias se hacen mayores y más nitidas. A eso de los diez años, por atinar un número, recuerdo que era imperante para mi levantarme temprano, muy temprano, e ir a caminar por el pueblo, una ruta distinta cada día, aunque ya las hubiera recorrido todas un sinfín de veces. Me encantaba caminar por el callejon de Los Ortigos, recorrer el libramiento del pueblo, el barrio de Milan y sobretodo subir hasta Los Tanques y luego bajar por las viejas escaleras hasta llegar a la Central Hidroelectrica de Temas, ruta que sin embargo hacía menos porque era de lejos la más pesada. Aunque lo que más recuerdo es que armaba un plan maestro para levantarme antes de las seís y media y casi correr al local de maquinas de video que estaba en el arco de la entrada, esperar a que el señor abriera y entonces gastarme mi dinero en las maquinas antes de que los demás llegaran a apañarlas y mi madre se preocupara por el desayuno.
Ahora que lo pienso, pasaba una cantidad asombrosa de tiempo en esas maquinas y las de la plaza. ¿Qué quieren que les diga?, los videojuegos han sido y seguramente seguiran siendo uno de mis más grandes vicios. Al volverme más grande, deje de ir tanto a esas maquinas y sólo lo hacía por las tardes pues por las mañanas me entretenía vagando por el pueblo o echando una cascara de baloncesto en la cancha del Sindicato Mexicano de Electricistas mientras que por la noche pasaba el tiempo en la plaza junto al puesto de tacos de mi tío Pancho o jugando fútbol en la plaza con toda la peña.
No obstante, lo que más recuerdo de esa edad -12, quizá 13- es el tiempo que pasaba junto a un amigo que conocí en el pueblo, Luis Alberto. Curiosamente, no recuerdo como le conocí o dónde o por qué, sólo sé que pronto nos hicimos muy amigos, casi hermanos, y que ibamos a todos lados juntos y la pasabamos, sin más, a toda madre. Yo me pasaba largos ratos en su casa, a la que por cierto era una travesía llegar y regresar, y eso formaba parte de la diversión; él llegaba bien temprano a casa de mi tía para buscarme e ibamos apenas asomaba el Sol a vagar, ora a las maquinas, ora a Milan, ora a la plaza, ora a Las Peñas, de lejos mi lugar favorito del pueblo y en el que ambos terminabamos las tardes con largas pláticas mientras disfrutabamos de la preciosa vista del pueblo que da ese sitio.
Pensandolo hacía atrás, eramos hermanos. Hermanos. Hace poco le vi de nuevo acá y la empatía ya no estaba, el hizo su vida de una manera y yo de otra muy diferente y por más que ambos quisimos reanudar el lazo, fue imposible, una laguna de diez años lo impedía. Es curioso. Y triste. Recuerdo que el había llegado a Temas de Veracruz y que siempre decía que algún día tendría que regresar, que eso le decían sus padres, y me acuerdo que tanto él como yo temíamos el triste día en que eso ocurriera e incluso hacíamos planes para evitarlo. Y al final fuí yo el que de buenas a primeras se largó y dejo de ir al pueblo mientras él se quedo allá.
¿Por qué deje de ir? No lo sé. Es decir, no lo sé con certeza, fueron muchas cosas, quizá no fue ninguna. El pueblo dejó de divertirme, ya sólo lo era en la fiesta del patrón del pueblo en enero o en la semana santa con las representaciones del Via Crucis, el resto del tiempo era la total aburrición. O quizá cambié yo, mis intereses fueron otros y encontre más agradable la falsa y rauda calma de la ciudad que la de Temas. Seguramente fueron ambas cosas o alguna otra que no logró entender aún, el caso es que deje de ir y me ausente de Temas por poco menos de 10 años.
Alejado del pueblo, salvo por algunas visitas esporádicas, pasé mi adolescencia y mi juventud -las etapas que, dicen los que saben, te forman intelectualmente- en la Ciudad de México. Casi todo lo que sé, toda mi ideología, en lo que creo y no creo, lo que odio y lo que defiendo, lo que me gusta y lo que detesto, todo eso y un montón de cosas más las aprendi en la ciudad de los palacios gracias a que allí pude estár bien cerca de los mejores mentores. No, no hablo de mis maestros ni de mis escuelas -aunque en algo ayudaron, es verdad- sino de mis libros. Los que pudé leer y los que no me cansé de comprar.
Y claro, aprendi tambien de las amistades que hice por allá. Bien pocas, es verdad, pues siempre he sido hombre de pocas palabras y menos amigos, pero es por eso mismo que esas pocas son sinceras y las mantengo vigentes ahora pese a la distancia pues, aceptemoslo, en este mundo actual es imposible desaparecer: si querés hablar con alguién, le localizas y hablas, así que ese no es problema y a dos meses de mi partida, no lo ha sido.
La capital del país tiene,ese montón de ventajas y comodidades que comparte con cualquier ciudad superpoblada y que seguramente influyeron en mi decisión de no volver más a Temas, sin embargo, quizá tambien acabaron por determinar mi vuelta al pueblo, junto a otro montón de factores. En México terminé una carrera, la terminé con honores y si bien intenté todo un año volverme un profesionista de la misma, no lo conseguí. Falta de oportunidades de trabajo, falta de experiencia laboral o simplemente que muy en el fondo no me interesaba ninguno de los trabajos para los que un historiador sirve en el esquema laboral de este país, el caso es que no conseguí emplearme y de a poco empece a concluir que, en efecto, no me interesaba ser un historiador y alguna otra cosa tendría que encontrar entretanto.
La carrera, para mí, fue un papel más, un pasito dado como la preparatoria o la secundaria. Eventualmente me servirá y acaso algún día susbsista de ello pero, por ahora, no me interesa ni presumirla. Tengo en el subsuelo de mi persona otras virtudes y otros gustos menos reconocidos pero mucho más útiles y prácticos, y uno de ellos fue el que me llevó a la aventura de volver a Temas. Mi hermana a un año que tiene un café en Temas y su oferta inicial fue que le hiciera postres y ella los vendería ahí y me daría parte de las ganancias. Jamás estudié gastronomía o cosa parecida, simplemente los postres me salen bien; es simple: me das una receta bien dada, y hago un postre espléndido.
Un par de meses después vimos disponible un local en el mero centro del pueblo y entonces la idea paso de sólo hacer postres a abrir una sucursal del café como socios, un negocio familiar en todo el sentido de la palabra. Intenté pues por última vez conseguir un trabajo de mi carrera y lo encontré en la misma semana en que debía decidir si me aventaba al negocio familiar o me quedaba en la ciudad. Y entonces tome la valiente, arriesgada y acaso estupida decisión de desechar la oferta de trabajo y aceptar la aventura familiar.
Una decisión dificil y, sobretodo, extraña. Rara por lo imprudente y apresurada que resultó: una semana estaba tomando un cafe en la Ciudad de México y a la otra sirviendo un café en Temascaltepec de González. Quienes me conocen saben que, ante todo, soy un tipo demasiado prudente y excesivamente sensato, que medito todo y que cualquier decisión a tomar que incluya el mínimo riesgo, por lo general, la desecho. Sin embargo, quienes me conocen más de cerca se han cansado de decirme que esa, mi mayor virtud, es tambien mi más grande defecto y tal vez en honor a ellos o simplemente porque ya era justo y necesario, decidí emprender esta aventura sin pensarla más de una vez.
Mi vuelta a Temas, por otro lado, ha tenido sus contrastes. Apenas me mudé estaba leyendo Retorno de las estrellas, una extraordinaria novela de Stanislaw Lem, y ciertamente sentí empatia con lo que pasaba al personaje principal, Hall Bregg, quien vuelve de un viaje estelar de diez años que, por la dilatación del tiempo, se traducen en 127 años terrestres. A su vuelta no reconoce nada y se da cuenta que todo ha cambiado pese a que no ha estado, en su percepción, ausente tanto tiempo. Así me sentía yo, que tal vez ilusamente esperaba encontrarme con las mismas personas en los mismos lugares y volver a las rutinas, pero no, reconocia rostros, pero no conocía ya las personas y notaba esa misma expresión de reconocimiento y extrañeza en ellas. Sin embargo, el lugar si que era el mismo y poco había cambiado -salvo por una inexplicable e irritante perdida de su vida vespertina y nocturna-, seguía teniendo ese indescriptible encanto y la pregunta de por qué deje de volver a él asomaba a cada día sin que a la fecha pueda responderla o al menos disculparla.
Sea como fuere, el hecho concreto es que acá estoy, en el pueblo que antes era sólo diversión y ahora es lugar de residencia. Me prométí, apenas baje del autobus que me trasladó aquel 7 de agosto, que permanecería un año aquí y entonces decidiría que hacer con mi malograda vida y si Temas seguiría estando en ella como hogar o volvería a su status anterior. Si hoy fuera el día de elegir, optaría por la primera opción pues sin hacer a un lado todo lo que pasé en la ciudad y a todas las personas valiosas que allá conocí, tengo la extraña sensación de que vine a Temas a una sola cosa: a vivir. Sólo eso, a vivir.
Bueno, más que una conclusión es una entrada aparte y es una que no sé ni como empezar, como escribir y como terminar así que, con el perdón o la indiferencia de ustedes, la iré escribiendo según me vaya inspirando. A lo bestia, pues. Temascaltepec de González -en delante, Temas, para mayor comodidad- es, para decirlo en cinco palabras, el pueblo de la familia. De allí es originaria la familia de mi padre, y mi madre, si bien no es de ahi, pasó gran parte de su juventud y vida adulta en él antes de que decidieran mudarse a la ciudad de México.
A partir de ese momento, en que la ciudad acogió a mis padres y nos vio crecer a mis hermanos y al que esto escribe, tanto mis padres como nosotros "convertimos" a Temas en el lugar al que ibamos a distraernos, divertirnos y, claro, visitar a los muchos familiares que dejo atrás la partida. Por alguna azaroza -y acaso sicológica- razón, me cuesta enormidades recordar casi cualquier cosa que me ocurriera antes de mi adolescencia e incluso en ella y ciertamente mis recuerdos de infancia son pocos e inconexos, sin embargo, muchos de ellos -y muchos de los mejores- son de Temas.
De niño, muy niño, los recuerdos son escasos pero sé con certeza que todos son gratos. Cosas de niños, por seguro, juntarse con toda la "huachada" y correr de arriba abajo por las calles empedradas, bajar a la plaza o al kiosco a no hacer otra cosa que inventar juegos y agotarlos, echar la cascara y terminar el día con una nieve y un pan que a la fecha sigo sin saber como se llama pero era y es una delicia (a saber, un par de rebanadas de pan esponjosito con un relleno cremoso y rojo -de fresa, supongo- en el centro)
Más grande las memorias se hacen mayores y más nitidas. A eso de los diez años, por atinar un número, recuerdo que era imperante para mi levantarme temprano, muy temprano, e ir a caminar por el pueblo, una ruta distinta cada día, aunque ya las hubiera recorrido todas un sinfín de veces. Me encantaba caminar por el callejon de Los Ortigos, recorrer el libramiento del pueblo, el barrio de Milan y sobretodo subir hasta Los Tanques y luego bajar por las viejas escaleras hasta llegar a la Central Hidroelectrica de Temas, ruta que sin embargo hacía menos porque era de lejos la más pesada. Aunque lo que más recuerdo es que armaba un plan maestro para levantarme antes de las seís y media y casi correr al local de maquinas de video que estaba en el arco de la entrada, esperar a que el señor abriera y entonces gastarme mi dinero en las maquinas antes de que los demás llegaran a apañarlas y mi madre se preocupara por el desayuno.
Ahora que lo pienso, pasaba una cantidad asombrosa de tiempo en esas maquinas y las de la plaza. ¿Qué quieren que les diga?, los videojuegos han sido y seguramente seguiran siendo uno de mis más grandes vicios. Al volverme más grande, deje de ir tanto a esas maquinas y sólo lo hacía por las tardes pues por las mañanas me entretenía vagando por el pueblo o echando una cascara de baloncesto en la cancha del Sindicato Mexicano de Electricistas mientras que por la noche pasaba el tiempo en la plaza junto al puesto de tacos de mi tío Pancho o jugando fútbol en la plaza con toda la peña.
No obstante, lo que más recuerdo de esa edad -12, quizá 13- es el tiempo que pasaba junto a un amigo que conocí en el pueblo, Luis Alberto. Curiosamente, no recuerdo como le conocí o dónde o por qué, sólo sé que pronto nos hicimos muy amigos, casi hermanos, y que ibamos a todos lados juntos y la pasabamos, sin más, a toda madre. Yo me pasaba largos ratos en su casa, a la que por cierto era una travesía llegar y regresar, y eso formaba parte de la diversión; él llegaba bien temprano a casa de mi tía para buscarme e ibamos apenas asomaba el Sol a vagar, ora a las maquinas, ora a Milan, ora a la plaza, ora a Las Peñas, de lejos mi lugar favorito del pueblo y en el que ambos terminabamos las tardes con largas pláticas mientras disfrutabamos de la preciosa vista del pueblo que da ese sitio.
Pensandolo hacía atrás, eramos hermanos. Hermanos. Hace poco le vi de nuevo acá y la empatía ya no estaba, el hizo su vida de una manera y yo de otra muy diferente y por más que ambos quisimos reanudar el lazo, fue imposible, una laguna de diez años lo impedía. Es curioso. Y triste. Recuerdo que el había llegado a Temas de Veracruz y que siempre decía que algún día tendría que regresar, que eso le decían sus padres, y me acuerdo que tanto él como yo temíamos el triste día en que eso ocurriera e incluso hacíamos planes para evitarlo. Y al final fuí yo el que de buenas a primeras se largó y dejo de ir al pueblo mientras él se quedo allá.
¿Por qué deje de ir? No lo sé. Es decir, no lo sé con certeza, fueron muchas cosas, quizá no fue ninguna. El pueblo dejó de divertirme, ya sólo lo era en la fiesta del patrón del pueblo en enero o en la semana santa con las representaciones del Via Crucis, el resto del tiempo era la total aburrición. O quizá cambié yo, mis intereses fueron otros y encontre más agradable la falsa y rauda calma de la ciudad que la de Temas. Seguramente fueron ambas cosas o alguna otra que no logró entender aún, el caso es que deje de ir y me ausente de Temas por poco menos de 10 años.
Alejado del pueblo, salvo por algunas visitas esporádicas, pasé mi adolescencia y mi juventud -las etapas que, dicen los que saben, te forman intelectualmente- en la Ciudad de México. Casi todo lo que sé, toda mi ideología, en lo que creo y no creo, lo que odio y lo que defiendo, lo que me gusta y lo que detesto, todo eso y un montón de cosas más las aprendi en la ciudad de los palacios gracias a que allí pude estár bien cerca de los mejores mentores. No, no hablo de mis maestros ni de mis escuelas -aunque en algo ayudaron, es verdad- sino de mis libros. Los que pudé leer y los que no me cansé de comprar.
Y claro, aprendi tambien de las amistades que hice por allá. Bien pocas, es verdad, pues siempre he sido hombre de pocas palabras y menos amigos, pero es por eso mismo que esas pocas son sinceras y las mantengo vigentes ahora pese a la distancia pues, aceptemoslo, en este mundo actual es imposible desaparecer: si querés hablar con alguién, le localizas y hablas, así que ese no es problema y a dos meses de mi partida, no lo ha sido.
La capital del país tiene,ese montón de ventajas y comodidades que comparte con cualquier ciudad superpoblada y que seguramente influyeron en mi decisión de no volver más a Temas, sin embargo, quizá tambien acabaron por determinar mi vuelta al pueblo, junto a otro montón de factores. En México terminé una carrera, la terminé con honores y si bien intenté todo un año volverme un profesionista de la misma, no lo conseguí. Falta de oportunidades de trabajo, falta de experiencia laboral o simplemente que muy en el fondo no me interesaba ninguno de los trabajos para los que un historiador sirve en el esquema laboral de este país, el caso es que no conseguí emplearme y de a poco empece a concluir que, en efecto, no me interesaba ser un historiador y alguna otra cosa tendría que encontrar entretanto.
La carrera, para mí, fue un papel más, un pasito dado como la preparatoria o la secundaria. Eventualmente me servirá y acaso algún día susbsista de ello pero, por ahora, no me interesa ni presumirla. Tengo en el subsuelo de mi persona otras virtudes y otros gustos menos reconocidos pero mucho más útiles y prácticos, y uno de ellos fue el que me llevó a la aventura de volver a Temas. Mi hermana a un año que tiene un café en Temas y su oferta inicial fue que le hiciera postres y ella los vendería ahí y me daría parte de las ganancias. Jamás estudié gastronomía o cosa parecida, simplemente los postres me salen bien; es simple: me das una receta bien dada, y hago un postre espléndido.
Un par de meses después vimos disponible un local en el mero centro del pueblo y entonces la idea paso de sólo hacer postres a abrir una sucursal del café como socios, un negocio familiar en todo el sentido de la palabra. Intenté pues por última vez conseguir un trabajo de mi carrera y lo encontré en la misma semana en que debía decidir si me aventaba al negocio familiar o me quedaba en la ciudad. Y entonces tome la valiente, arriesgada y acaso estupida decisión de desechar la oferta de trabajo y aceptar la aventura familiar.
Una decisión dificil y, sobretodo, extraña. Rara por lo imprudente y apresurada que resultó: una semana estaba tomando un cafe en la Ciudad de México y a la otra sirviendo un café en Temascaltepec de González. Quienes me conocen saben que, ante todo, soy un tipo demasiado prudente y excesivamente sensato, que medito todo y que cualquier decisión a tomar que incluya el mínimo riesgo, por lo general, la desecho. Sin embargo, quienes me conocen más de cerca se han cansado de decirme que esa, mi mayor virtud, es tambien mi más grande defecto y tal vez en honor a ellos o simplemente porque ya era justo y necesario, decidí emprender esta aventura sin pensarla más de una vez.
Mi vuelta a Temas, por otro lado, ha tenido sus contrastes. Apenas me mudé estaba leyendo Retorno de las estrellas, una extraordinaria novela de Stanislaw Lem, y ciertamente sentí empatia con lo que pasaba al personaje principal, Hall Bregg, quien vuelve de un viaje estelar de diez años que, por la dilatación del tiempo, se traducen en 127 años terrestres. A su vuelta no reconoce nada y se da cuenta que todo ha cambiado pese a que no ha estado, en su percepción, ausente tanto tiempo. Así me sentía yo, que tal vez ilusamente esperaba encontrarme con las mismas personas en los mismos lugares y volver a las rutinas, pero no, reconocia rostros, pero no conocía ya las personas y notaba esa misma expresión de reconocimiento y extrañeza en ellas. Sin embargo, el lugar si que era el mismo y poco había cambiado -salvo por una inexplicable e irritante perdida de su vida vespertina y nocturna-, seguía teniendo ese indescriptible encanto y la pregunta de por qué deje de volver a él asomaba a cada día sin que a la fecha pueda responderla o al menos disculparla.
Sea como fuere, el hecho concreto es que acá estoy, en el pueblo que antes era sólo diversión y ahora es lugar de residencia. Me prométí, apenas baje del autobus que me trasladó aquel 7 de agosto, que permanecería un año aquí y entonces decidiría que hacer con mi malograda vida y si Temas seguiría estando en ella como hogar o volvería a su status anterior. Si hoy fuera el día de elegir, optaría por la primera opción pues sin hacer a un lado todo lo que pasé en la ciudad y a todas las personas valiosas que allá conocí, tengo la extraña sensación de que vine a Temas a una sola cosa: a vivir. Sólo eso, a vivir.
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