17 de noviembre de 2010

Im'back: blog's reloaded

He abandonado tanto este blog que incluso temí que Google lo cerrara por falta de uso y por ocupar un espacio de servidor que otro blogger más activo no puede aprovechando. Temí entonces que todo lo dicho quedara en una suerte de limbo informático peor que un archivo mal catalogado.

De hecho, no sé siquiera si google hace eso, si mi blog en verdad ocupa un espacio de servidor que afecte a otros bloggers o si, en caso de que lo clausuren, las entradas desaparezcan sin más. Sin embargo, el pánico de esa posibilidad me hizo volver y, por si las malditas dudas, prefiero retomar el blog antes de darles un pretexto para que lo eliminen.

Bueno, eso y también que ya estuvo bueno de hacerme tonto (pendejo es la palabra correcta pero se oye feo y no quiero que mis impacientes lectores -sí, ajá- resulten ofendidos en mi vuelta al blog) y no escribir de nada, cuando hay tanto que decir. Así pues, anuncio con bombo y platino, o al menos con sincera alegría, mi vuelta al blog y prometo -ahora si bien en serio- escribir en él con regularidad. Con una constancia incesante, grosera.

Para que eso pueda cumplirse me comprometo aquí, ante ustedes, lectores, curiosos e internautas caídos aquí por suerte de casualidad, a escribir al menos dos entradas por semana. Al levantarme de mi cama hoy (hará cosa de media hora, y a huevo, con nuevo perdón por la ofensa) he meditado que par de días serían los idóneos y la verdad es que eso de que sean siete días en una semana (gracias Luna, no podías tardarte 8 días, no, tenían que ser 7) y cualquier combinación que elijas te impida tener tres días de descanso intelectual, complica todo.

Sin embargo, considerando que hay días menos liados para meditar y otros para escribir, la combinación idónea resulta Domingo y Jueves. Así pues, ante ustedes prometido y por escrito pactado, habrá en este blog una entrada cada domingo y jueves. Bueno, una cosa, un detallito nomas, en caso de que cierto día se me olvide, la promesa es que el otro por nada del mundo se me olvidará. Así, en realidad, la única garantía es que habrá al menos una entrada por semana: lunes o jueves.

Algo es algo, ¿no? En fin, ya me estoy extendiendo de más y ya dije lo que tenía que decir. Será hasta el jueves. Un saludo y, si el caso, una disculpa por la ausencia literaria.

6 de agosto de 2010

6 de agosto, 2o. día de la infámia.

El 8 de diciembre de 1841, el presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt habló ante el congreso norteamericano para declarar el estado de guerra contra el imperio japonés luego del ataque nipón a la base naval de Pearl Harbor, Hawaii. Aquél discurso (que pueden oír completo aquí), lleno de los elementos necesarios para tocar las fibras de los estadounidenses y para definir la declaración de guerra como la respuesta obligada, es recordado sin embargo por la primera línea dicha por el mandatario.

"Yesterday, december 7, 1941, a date wich will live in infamy."

"El día que vivirá en la infamia", fue así como Roosevelt catalogó a la fecha del ataque japonés que causó importantes bajas militares y económicas e inmensurables pérdidas humanas. Y es así como el pueblo estadounidense celebra actualmente esa fecha, como el Día de la infamia. Sin embargo, 4 años después de tal infamia, la venganza se consumaría de una manera aún más infame.

Hoy, 6 de agosto, se cumplen 65 años del estallido de la bomba nuclear en Hiroshima, localidad industrial del Japón. La primera de dos bombas que se detonaron en el país oriental (la segunda caería 3 días después en Nagazaki) y que pusieron fin a la II Guerra Mundial. A mi, desde mi trinchera y con mi muy peculiar opinión, siempre me ha gustado llamar a esta fecha el 2o. día de la infamia.

Si bien Pearl Harbor dejó la trágica cifra de 2'471 muertos y la sorpresa y el lamento de todo el país, tan sólo la Little Boy que cayó sobre Hiroshima dejó 140 mil muertos y un millar más que sufrieron enfermedades incurables y un sinfín de deformaciones como resultado de la radiación que a la fecha irradia en el lugar. Es el segundo día de la infamia porque tal atrocidad (en número y en tipo) sólo puede ser llamada de ese modo.

Hasta la fecha sólo han sido detonadas esas dos bombas atómicas contra poblaciones. Sus resultados tan fatales en corto, mediano y largo plazo han motivado innumerables medidas internacionales para regular la producción y uso de tales armamentos. El mundo sufrió 50 años de amenazas nucleares entre dos superpotencias y luego, como colofón, fue testigo de una operación militar aplastante con el fin de neutralizar la supuesta existencia de armas de destrucción masiva en Irak.

Sin embargo, no fue incapaz de detener el doble detonamiento de armas nucleares en 1945. ¿desconocían su verdadero alcance?, ¿lo creían un riesgo asimilable? La respuesta es discusión de otro tema, lo cierto es que ambos ataques atómicos deben ser considerados una infamia tanto como el ataque sorpresa a Pearl Harbor. Lamentablemente, por los tonos de la guerra y sus posturas, el emperador Hiroito no podía -aún- expresarse en tales términos.

Una revisión a esta entrada podría hacer pensar que el insensato que la suscribe trata de justificar el ataque a Pearl Harbor o, peor aún, minimizarlo en comparación con la respuesta nuclear de los Estados Unidos. Lo cierto es, sin embargo, que busco lo contrario. Uno es el día de la infamia y el otro el 2o. día de la infamia no en orden de importancia, sino de aparición. Ambos son episodios negros en la historia de la humanidad y de sus países (de los ejecutores y los ejecutados)

Como fechas infames, son una muestra más de lo que sólo el hombre es capaz de hacer. La memoria de personaje tan celebre como Robert Oppenheimer está permanentemente manchada por los ataques nucleares, lo mismo que la historia de un avance científico tan prodigioso como la energía nuclear nunca será perdonada por sus usos asesinos. Del mismo modo, un imperio tan poderoso como el de Hiroito será tristemente recordado por su ambición sangrienta, y una mentalidad tan heroica como la japonesa será sólo asignada a sus kamikazes, muertos en la poca heroica labor de asesinar a sangre fría a otros.

Por eso último, por esa pequeña posibilidad en ambos lados de conseguir la grandeza y optar por usar su capacidad para el homicidio colectivo, es que ambos días, ambos actos, y ambas potencias tienen sus respectivos día de la infamia.

18 de junio de 2010

Adios Saramago, adios...

Pensé en dejar de momento este blog mientras terminó mi tesis de grado y disfrutó del Mundial de Sudáfrica, sin embargo, la muerte de José de Sousa Saramago me ha hecho casi correr al ordenador para, desde mi trinchera, expresar mi pésame y homenajearle.

Dice la portada del Ensayo sobre la ceguera, en la edición de Punto de Lectura: "Una novela que ha conmovido a millones de lectores." Lo cierto es sin embargo que es más bien Saramago el que ha conmovido a millones de personas. Tanto así que fue un amigo al quién yo recomendé la lectura de El evangelio según Jesucristo quien, apenas enterado, me informó, sabedor de que él y yo habíamos sido tocados en las mismas fibras por tal novela.

Mismo caso para un colega de la universidad (quien, de paso, me recomendó a mi el mismo texto) que no demoró en enviarme un correo para expresar su sentir ante la perdida del lusitano. Quisiera compartir aquí sus palabras, un par de frases que son un vivo ejemplo de como Saramago conmovía:
"Quisiera dar un gran homenaje para quien me enseñó a luchar contra los dioses. Pero lo más que dan mis fuerzas es para continuar su pelea, aunque sin su genialidad."
"Lloraré por Saramago, así, sin pudor, como se llora a un padre, a un maestro. Y de igual forma, secaré mis lágrimas y seguiré con su trabajo."
César Martínez.
Eso es la literatura de José Saramago, eso es la persona de José Saramago. El mundo perdió al mediodía de hoy a uno de los pilares de su pensamiento. A alguién que desde la trinchera de la literatura lideró una lucha contra la insensatez y el fanatismo, contra el egoismo, la indiferencia y la violencia. Que supo alzar la voz contra los tiranos escondidos y hermanarse con los desprotegidos y luchadores.

Su calidad literaria es indiscutible y le valió el Nobel. Sin embargo, allende eso, el nativo de Azinhaga no es admirado ni aplaudido por esos y tantos otros premios y reconocimientos que recibió, sino por haber tocado a sus lectores en lo más profundo de sus almas. Saramago murió tranquilo, quizá satisfecho, y acaso confiado de que la lucha que el inició no debe acabar con su muerte, sino alimentarse de ella.

Leí por la mañana, en las noticias de su muerte, que una chica afirmaba "nunca haber llorado tanto la muerte de alguién, y de hecho, nunca haber llorado a alguién que ni siquiera conocía." Olvida decir la susodicha que si conoció a Sarmago pues él, como todos los grandes literatos, han vaciado su persona en sus letras y han dejado ese universo para quienes las recorren. Quienes le leímos le conocíamos tan bien, y él nos conocía tan bien, que sentir su muerte no es una exageración sino lo contrario, una obligación.

Y aquí se acaban las palabras, aquí uno se calla como lo ha hecho el maestro. Y sólo quedan tres voces por decir: adios, Saramago, adios...

14 de mayo de 2010

Alive

Vale, ya va, que esta entrada es como aquella de diciembre, nomás para escribir algo. Y claro para, con eso, decir que no estoy muerto (ni literal ni literariamente) ni cosa parecida, simplemente no he escrito por acá debido a que he andado muy líado. Sin embargo, pronto escribiré sobre un par de cosas, espero interesantes.

Ya, sólo eso. Bueno, antes, una breve reflexión, a modo de preguntas: ¿cómo es realmente el paso del odio al amor?, ¿es que hay realmente tal cosa y no es el más lindo de los auto engaños?, ¿No es el odio, como dice Kundera, la manera más sincera de amar?

Y, para que no se aburran reflexionando, un video de los maestrazos Borja Pérez y Joseba Caballero, el episodio 18 de la quinta temporada de "Qué vida más triste"


8 de abril de 2010

That pale blue dot... is us.

Sentado frente a mi ordenador, harto cansado de no tener nada que hacer y ciertamente impaciente por un acto a suceder, me di a la labor de entretenerme viendo el YouTube. Así, revisé mis favoritos y encontré un vídeo que me fascina casi más que cualquier otra cosa, sólo para encontrarme con la sorpresa de que no había escrito sobre él en este blog, aunque si lo había hecho en el Facebook.

"That Pale blue dot" (ese pequeño punto azul) es el titulo que le han dado a esta secuencia, añadida por Carl Sagan al espléndido documental Cosmos: un viaje personal en 1990. En ese año (como lo indica el inicio del vídeo), la sonda Voyager 2 (continuación del programa Mariner, enviada en 1977 para investigar los planetas exteriores) giró sobre su eje y captó la imagen de la tierra desde el punto más lejano posible hasta entonces, 6'000 millones de kilómetros (Plutón está a 7'529 millones en su punto de orbita más lejano). Desde ahí, la Tierra tiene que encontrarse entre un cumulo de estrellas y polvo cósmico y, cuando finalmente se localiza, no es más que un pequeño punto azul.

Para algunos, sin duda, no será más que eso, un pequeño e insignificante punto azul, mas para el resto, esa insignificancia lleva a la reflexión. Primero, sobre la importancia de nuestro planeta en el universo, practicamente nula, y luego la de nosotros, una especie que en la escala de tiempo del planeta lleva menos de un segundo de existencia y aun menos en la escala cósmica. Cuando Carl Sagan recibió esta imagen, no tuvo más remedio que añadir esta reflexión al final de uno de los capítulos de Cosmos. Y lo que muestra este vídeo es la mejor reflexión de uno de los mejores divulgadores de ciencia del siglo XX, sino el mejor.

El vídeo, de paso, resume porque me gusta tanto la astrofísica, porque si las matemáticas no fueran mi talón de Aquiles; ni la historia, mi profesión, habría elegido estudiarla. Y porque, pese a no tener relación alguna mi campo de estudio con ella, la astronomía está más constantemente en mis pensamientos que la historia o que casi cualquier otra cosa. El montaje de imágenes, la voz reflexiva de Sagan, la música (cortesía de Vangelis), y sobretodo el tema, convierten a este vídeo en uno de mis favoritos:


¿Qué somos realmente?, ¿qué importancia tenemos en el infinito cosmológico, en la vastedad del sistema solar, incluso en la efímera historia de nuestro planeta?, ¿qué sentido tiene cualquier disputa entre líderes, por una fracción insignificante de algo que, a escasa distancia, se pierde a la vista? Simplemente, si esto no los lleva a la reflexión, nada podrá hacerlo.

Dice Sagan que este es, de momento, nuestro único hogar. Sin embargo, él soñaba con que alguna vez el hombre alcanzaría las estrellas, terraformaría planetas y extendería sus dominios por el vasto universo hasta que él mismo pudiera decir: "mira, alguna vez vivimos en ese pálido punto azul." Entre los sueños de todos, humanos o divinos, a mi, ese es el que me emociona.