24 de octubre de 2011

Historia de una ida y una vuelta

Si reconocieron el guiño literario del titulo, congratulaciones. Sino, qué importa -están estadisticamente perdonados-, lo único que vale es que me pareció genial usarlo para esta entrada que es la conclusión de la anterior, en la que prometí una reflexión más extensa sobre mi partida de la ciudad o, si ustedes prefieren, sobre mi vuelta a Temascaltepec de González. Y lo prometido, en este blog, siempre es deuda.

Bueno, más que una conclusión es una entrada aparte y es una que no sé ni como empezar, como escribir y como terminar así que, con el perdón o la indiferencia de ustedes, la iré escribiendo según me vaya inspirando. A lo bestia, pues. Temascaltepec de González -en delante, Temas, para mayor comodidad- es, para decirlo en cinco palabras, el pueblo de la familia. De allí es originaria la familia de mi padre, y mi madre, si bien no es de ahi, pasó gran parte de su juventud y vida adulta en él antes de que decidieran mudarse a la ciudad de México.

A partir de ese momento, en que la ciudad acogió a mis padres y nos vio crecer a mis hermanos y al que esto escribe, tanto mis padres como nosotros "convertimos" a Temas en el lugar al que ibamos a distraernos, divertirnos y, claro, visitar a los muchos familiares que dejo atrás la partida. Por alguna azaroza -y acaso sicológica- razón, me cuesta enormidades recordar casi cualquier cosa que me ocurriera antes de mi adolescencia e incluso en ella y ciertamente mis recuerdos de infancia son pocos e inconexos, sin embargo, muchos de ellos -y muchos de los mejores- son de Temas.

De niño, muy niño, los recuerdos son escasos pero sé con certeza que todos son gratos. Cosas de niños, por seguro, juntarse con toda la "huachada" y correr de arriba abajo por las calles empedradas, bajar a la plaza o al kiosco a no hacer otra cosa que inventar juegos y agotarlos, echar la cascara y terminar el día con una nieve y un pan que a la fecha sigo sin saber como se llama pero era y es una delicia (a saber, un par de rebanadas de pan esponjosito con un relleno cremoso y rojo -de fresa, supongo- en el centro)

Más grande las memorias se hacen mayores y más nitidas. A eso de los diez años, por atinar un número, recuerdo que era imperante para mi levantarme temprano, muy temprano, e ir a caminar por el pueblo, una ruta distinta cada día, aunque ya las hubiera recorrido todas un sinfín de veces. Me encantaba caminar por el callejon de Los Ortigos, recorrer el libramiento del pueblo, el barrio de Milan y sobretodo subir hasta Los Tanques y luego bajar por las viejas escaleras hasta llegar a la Central Hidroelectrica de Temas, ruta que sin embargo hacía menos porque era de lejos la más pesada. Aunque lo que más recuerdo es que armaba un plan maestro para levantarme antes de las seís y media y casi correr al local de maquinas de video que estaba en el arco de la entrada, esperar a que el señor abriera y entonces gastarme mi dinero en las maquinas antes de que los demás llegaran a apañarlas y mi madre se preocupara por el desayuno.

Ahora que lo pienso, pasaba una cantidad asombrosa de tiempo en esas maquinas y las de la plaza. ¿Qué quieren que les diga?, los videojuegos han sido y seguramente seguiran siendo uno de mis más grandes vicios. Al volverme más grande, deje de ir tanto a esas maquinas y sólo lo hacía por las tardes pues por las mañanas me entretenía vagando por el pueblo o echando una cascara de baloncesto en la cancha del Sindicato Mexicano de Electricistas mientras que por la noche pasaba el tiempo en la plaza junto al puesto de tacos de mi tío Pancho o jugando fútbol en la plaza con toda la peña.

No obstante, lo que más recuerdo de esa edad -12, quizá 13- es el tiempo que pasaba junto a un amigo que conocí en el pueblo, Luis Alberto. Curiosamente, no recuerdo como le conocí o dónde o por qué, sólo sé que pronto nos hicimos muy amigos, casi hermanos, y que ibamos a todos lados juntos y la pasabamos, sin más, a toda madre. Yo me pasaba largos ratos en su casa, a la que por cierto era una travesía llegar y regresar, y eso formaba parte de la diversión; él llegaba bien temprano a casa de mi tía para buscarme e ibamos apenas asomaba el Sol a vagar, ora a las maquinas, ora a Milan, ora a la plaza, ora a Las Peñas, de lejos mi lugar favorito del pueblo y en el que ambos terminabamos las tardes con largas pláticas mientras disfrutabamos de la preciosa vista del pueblo que da ese sitio.

Pensandolo hacía atrás, eramos hermanos. Hermanos. Hace poco le vi de nuevo acá y la empatía ya no estaba, el hizo su vida de una manera y yo de otra muy diferente y por más que ambos quisimos reanudar el lazo, fue imposible, una laguna de diez años lo impedía. Es curioso. Y triste. Recuerdo que el había llegado a Temas de Veracruz y que siempre decía que algún día tendría que regresar, que eso le decían sus padres, y me acuerdo que tanto él como yo temíamos el triste día en que eso ocurriera e incluso hacíamos planes para evitarlo. Y al final fuí yo el que de buenas a primeras se largó y dejo de ir al pueblo mientras él se quedo allá.

¿Por qué deje de ir? No lo sé. Es decir, no lo sé con certeza, fueron muchas cosas, quizá no fue ninguna. El pueblo dejó de divertirme, ya sólo lo era en la fiesta del patrón del pueblo en enero o en la semana santa con las representaciones del Via Crucis, el resto del tiempo era la total aburrición. O quizá cambié yo, mis intereses fueron otros y encontre más agradable la falsa y rauda calma de la ciudad que la de Temas. Seguramente fueron ambas cosas o alguna otra que no logró entender aún, el caso es que deje de ir y me ausente de Temas por poco menos de 10 años.

Alejado del pueblo, salvo por algunas visitas esporádicas, pasé mi adolescencia y mi juventud -las etapas que, dicen los que saben, te forman intelectualmente- en la Ciudad de México. Casi todo lo que sé, toda mi ideología, en lo que creo y no creo, lo que odio y lo que defiendo, lo que me gusta y lo que detesto, todo eso y un montón de cosas más las aprendi en la ciudad de los palacios gracias a que allí pude estár bien cerca de los mejores mentores. No, no hablo de mis maestros ni de mis escuelas -aunque en algo ayudaron, es verdad- sino de mis libros. Los que pudé leer y los que no me cansé de comprar.

Y claro, aprendi tambien de las amistades que hice por allá. Bien pocas, es verdad, pues siempre he sido hombre de pocas palabras y menos amigos, pero es por eso mismo que esas pocas son sinceras y las mantengo vigentes ahora pese a la distancia pues, aceptemoslo, en este mundo actual es imposible desaparecer: si querés hablar con alguién, le localizas y hablas, así que ese no es problema y a dos meses de mi partida, no lo ha sido.

La capital del país tiene,ese montón de ventajas y comodidades que comparte con cualquier ciudad superpoblada y que seguramente influyeron en mi decisión de no volver más a Temas, sin embargo, quizá tambien acabaron por determinar mi vuelta al pueblo, junto a otro montón de factores. En México terminé una carrera, la terminé con honores y si bien intenté todo un año volverme un profesionista de la misma, no lo conseguí. Falta de oportunidades de trabajo, falta de experiencia laboral o simplemente que muy en el fondo no me interesaba ninguno de los trabajos para los que un historiador sirve en el esquema laboral de este país, el caso es que no conseguí emplearme y de a poco empece a concluir que, en efecto, no me interesaba ser un historiador y alguna otra cosa tendría que encontrar entretanto.

La carrera, para mí, fue un papel más, un pasito dado como la preparatoria o la secundaria. Eventualmente me servirá y acaso algún día susbsista de ello pero, por ahora, no me interesa ni presumirla. Tengo en el subsuelo de mi persona otras virtudes y otros gustos menos reconocidos pero mucho más útiles y prácticos, y uno de ellos fue el que me llevó a la aventura de volver a Temas. Mi hermana a un año que tiene un café en Temas y su oferta inicial fue que le hiciera postres y ella los vendería ahí y me daría parte de las ganancias. Jamás estudié gastronomía o cosa parecida, simplemente los postres me salen bien; es simple: me das una receta bien dada, y hago un postre espléndido.

Un par de meses después vimos disponible un local en el mero centro del pueblo y entonces la idea paso de sólo hacer postres a abrir una sucursal del café como socios, un negocio familiar en todo el sentido de la palabra. Intenté pues por última vez conseguir un trabajo de mi carrera y lo encontré en la misma semana en que debía decidir si me aventaba al negocio familiar o me quedaba en la ciudad. Y entonces tome la valiente, arriesgada y acaso estupida decisión de desechar la oferta de trabajo y aceptar la aventura familiar.

Una decisión dificil y, sobretodo, extraña. Rara por lo imprudente y apresurada que resultó: una semana estaba tomando un cafe en la Ciudad de México y a la otra sirviendo un café en Temascaltepec de González. Quienes me conocen saben que, ante todo, soy un tipo demasiado prudente y excesivamente sensato, que medito todo y que cualquier decisión a tomar que incluya el mínimo riesgo, por lo general, la desecho. Sin embargo, quienes me conocen más de cerca se han cansado de decirme que esa, mi mayor virtud, es tambien mi más grande defecto y tal vez en honor a ellos o simplemente porque ya era justo y necesario, decidí emprender esta aventura sin pensarla más de una vez.

Mi vuelta a Temas, por otro lado, ha tenido sus contrastes. Apenas me mudé estaba leyendo Retorno de las estrellas, una extraordinaria novela de Stanislaw Lem, y ciertamente sentí empatia con lo que pasaba al personaje principal, Hall Bregg, quien vuelve de un viaje estelar de diez años que, por la dilatación del tiempo, se traducen en 127 años terrestres. A su vuelta no reconoce nada y se da cuenta que todo ha cambiado pese a que no ha estado, en su percepción, ausente tanto tiempo. Así me sentía yo, que tal vez ilusamente esperaba encontrarme con las mismas personas en los mismos lugares y volver a las rutinas, pero no, reconocia rostros, pero no conocía ya las personas y notaba esa misma expresión de reconocimiento y extrañeza en ellas. Sin embargo, el lugar si que era el mismo y poco había cambiado -salvo por una inexplicable e irritante perdida de su vida vespertina y nocturna-, seguía teniendo ese indescriptible encanto y la pregunta de por qué deje de volver a él asomaba a cada día sin que a la fecha pueda responderla o al menos disculparla.

Sea como fuere, el hecho concreto es que acá estoy, en el pueblo que antes era sólo diversión y ahora es lugar de residencia. Me prométí, apenas baje del autobus que me trasladó aquel 7 de agosto, que permanecería un año aquí y entonces decidiría que hacer con mi malograda vida y si Temas seguiría estando en ella como hogar o volvería a su status anterior. Si hoy fuera el día de elegir, optaría por la primera opción pues sin hacer a un lado todo lo que pasé en la ciudad y a todas las personas valiosas que allá conocí, tengo la extraña sensación de que vine a Temas a una sola cosa: a vivir. Sólo eso, a vivir.

12 de octubre de 2011

De vuelta... otra vez

Ya lo leyeron y ya adivinaron de que va esta entrada: anunciar que vuelvo a escribir en el blog después de una muy larga pausa. Las razones de esa pausa seguro no la justifican y apuesto a que no las interesan pero, por si llegaran a servir de algo, basta decirles que hubo de por medio una mudanza y un proyecto que, digamoslo en tres palabras, ocuparon toda mi atención.

En ese periodo decidí renunciar a un montón de cosas y tomar una decisión arriesgada que empezó como una posibilidad remota y se concretó bien pronto. Un breve resumen: el proyecto era iniciar un negocio familiar, una café en el pueblo del que es originario mi padre y parcialmente mi madre y del que yo guardo lindos pero añejos recuerdos de infancia: Temascaltepec de González, Estado de México. El proyecto ha sido todo un éxito (y acá les presumo su página de internet: Café Amarain) y aunque hemos sufrido y nos ha exigido más de lo que esperabamos. tambien nos ha llenado más de lo que estimamos. A mi, que soy un tipo que encuentra su felicidad en cosas bien simples, me tiene muy complacido.

Por supuesto, sino lo adivinaron entre líneas, les confieso que atreverme a ese proyecto me exigió mudarme de la ciudad en la que crecí, estudié y viví para precisamente vivir en un pueblo al que sólo iba de visita y diversión plena y al que no visitaba desde hace un par de años o más. Allí estaba el riesgo, allí lo extraño de la decisión y allí tambien su justificación: quería hacer algo riesgoso y extraño, distinto; especial. Quizá atiné, quizá no, pero de mientras siento que acerté, incluso cuando eso significó dejar atrás un montón de cosas. Lo cierto es, empero, que ya estaba muy harto de ellas y necesitaba renunciar a todas. Intenté hacerlo de a poco y de la manera más calmada y sensata, como acostumbro hacer todo, pero de pronto asomó la chance y por ésta única vez decidí tomarla sin miramientos y aventarme a una aventura que sólo me garantizaba mantenerme ocupado en algo que siempre me ha gustado, aunque hasta hoy lo hacía en un segundo plano, por así decirlo.

Y no me extiendo de más en esta entrada porque lo único que pretendo con ella es anunciar mi vuelta y enunciar lo evidente, que mi blog y mi labor de blogger no están entre las cosas a las que renuncié y seguiré cumpliendo con ellas en la medida que me sea posible hacerlo. En la próxima entrada, (que quizá publique mañana si corro en suerte tener un rato libre para hacerlo) completaré la reflexión sobre mi partida de la ciudad y, más aún, sobre mi llegada a este encantador pueblo. Antes de despedirme, una justificación final, ustedes disculpen, el asunto es que este singular proyecto afortunadamente -o desafortunadamente, ustedes dirán- me tiene ocupado practicamente todo el día y mucho me temo que aquella promesa que hice hace bastantes lunas de escribir al menos dos entradas de blog por semana (a razón de una en jueves y otra el domingo) tendrá que verse reducida y ha de conformarse con una entrada por semana y en el día en que tenga tiempo suficiente para hacerla. Intentaré que sea cada jueves e intentaré tambien aventarme las dos entradas cuando tenga chance de hacerlo. Promesa de blogger.

Ahora si, sin más y dejando de fondo los bombos platinos tras mi regreso, me despido a la espera de la próxima entrada.

22 de julio de 2011

Recomendando... Escalera al cielo ( 국의 계단 )

Hace una semana, durante unas vacaciones familiares, ocupamos las noches de las mismas en ver una serie -en realidad, telenovela- que el distribuidor pirata oficial de mi señora madre le recomendó y que tenía encantados al resto de la familia. Yo, hasta entonces, había escuchado de la serie sólo lo que ellos decían una y otra vez: que estaba muy buena, que no podían dejar de verla, y tal, mas fue hasta hace una semana que finalmente pude verla y presenciar junto a los demás el final de la misma. Me dejó tan gratamente sorprendido que he decidido recomendarla acá. Hablo, a todo esto, de la teleserie surcoreana Escalera al cielo.

Se trasnsmitió por la Senul Broadcasting System (SBS) entre finales de 2003 y principios de 2004, mientras que en latinoamérica se televisó en Chile (cortesia de Televisión Nacional de Chile), Perú (gracias a TVPerú) y Ecuador (en la señal de Ecuavisa) el año siguiente. En resumen, la teleserie narra la historia de amor entre Song-Ju Cha y Jung-Seou Han, destinados desde niños a estár juntos, hasta que Song-Ju se va a estudiar a EE. UU. y la madrasta de Jung-Seou le impide a ella ir con él. Cuando su amor regresa, esta es atropellada por su hermanastra (Yu-Ri Han) y pierde la memoria.

Entonces viene la tragedia. Song-Ju es ocultada por su madrastra y hermanastros (y uno de ellos, Tai-Hwa Han, se enamora de ella mientras la oculta) para que no se una a Song-Ju -que, por cierto, es presidente de una empresa- y este se case con Yu-Ri y unan su fortuna. Así, es, pues, la historia de amor marcada por el destino y que busca ser impedida por un buen montón de villanos y accidentes. ¿Les suena parecido?, ¿la reconocen?, ¿no?, ¿seguros?, venga, piensen un poco... ¡exacto!, es la misma historia que, palabras más o menos, personajes iguales o símiles, está en cualquier novela de las siete, ocho o nueve de la noche. Entonces, ¿por qué me atrevo a recomendarselas? Fácil: porque ésta es muy buena.

Así de fácil y sin más, pero vayamos al detalle. La historia es simple, sin mayor chiste y sin novedad, pero la manera en que la manejan es muy destacada. Sin perder el drama exagerado y la cursileria necesaria en toda teleserie, Escalera al cielo sabe medir ambas cosas y combinarlas con buenas escenas de humor y acción para mantener entretenido y empatar con los personajes. Además, las actuaciones son en serio notables, casi diría que brillantes pues casi cada personaje es distinto y tiene su propio lenguaje bien definido.

Y la otra virtud es que la serie es lo suficientemente larga y corta a la vez. Es decir, no es tan breve como para sentir que les faltó desarollar esto o aquello, ni tan larga para sugerir que les sobró tal o cual episodio o exageraron aquel otro. Cierto, los últimos dos si son excesivos pero se entiende puesto que tenían un nivel de rating bestial luego del buen trabajo durante los demás capítulos y, digámoslo así, tenían derecho de abusar.

Y tiene algunos detallitos que la redondean. Primero, sus dos actrices estelares son muy guapas y talentosas. Tae-Hee Kim, quien hace de la hermanastra Yu-Ri Han, tiene esa belleza ingenua y sin embargo manipuladora perfecta para el papel. Y la actriz principal, Ji-Woo Choi, es simplemente impresionante. Firma una actuación dignísima -y premiada por todos lados, según he leído- en todos los sentidos y, como cereza en el pastel, la mujer es guapísima. Digánme sino:


El escenario es ciertamente repetitivo pero acertado pues a cada tipo de escena le corresponde un lugar y al final todo se invierten magistralmente. Porque ese es otro detalle, el final, en verdad el último par de episodios o, más bien, la manera en que terminan la historia se lleva las palmas. Por supuesto que no se los voy a contar pero sólo les dire que es distinto a los que se han cansado de ver -o de deducir tras ves un episodio cualquiera de la teleserie que quieran- y aún así es, sin más, un final féliz.

Y el otro detallito, para cerrar esta entrada, es la música. Tiene un gran pecado, y es que son 3 o 4 canciones que se repiten una y otra y luego otra vez y si llegan a fastidiar. Sin embargo, como compensación está que las rolas son muy buenas y tambien atinadas para cada vez que se usan. Y les dejo, para que me crean y como despedida y bonus track, el tema central, cortesia del cantante e ídolo surcoreano Kim-Bum Soo. Se llama "Cómo te extraño" (Bo go ship da)


Ahí está, pues, mi última recomendación. Será dificil que la encuentre por la vía tradicional porque acá nunca se transmitió pero seguro si se dan una vuelta por el centro la encontraran. Comprenla, este blog se las garantiza

12 de julio de 2011

Covering "Who'll stop the rain"

Esta mañana, mientras veía -emocionado y conmovido- el primer episodio de la segunda temporada de la serie Brothers & Sisters, noté que en la secuencia final del capítulo aparecía de fondo la que es acaso la mejor canción de la banda de rock estadounidense Creedence Clearwater Revival: "Who'll stop the rain." Sin embargo, aunque la reconocí de inmediato, me llevé la grata sorpresa de que no era la versión original sino un cover muy adecuado para la serie. Lo siguiente en mi cabeza ya lo adivinaron: "esto va al covering del blog, ya mismo."
La canción, insisto, quizá la mejor del grupo al que por cierto soy muy aficionado, está incluida en su quinto álbum, Cosmo's Factory, y fue lanzada en 1970 como el lado B del sencillo que incluía en el lado opuesto otra tremenda canción, "Travelin' Band." La canción es una de esas que no puede negar su tiempo y que, por el contrario, es una fotografia natural del mismo que exhibe con soberbia la generación de los 70's (sí, Woodstock) tanto en su letra como en su música. Es un clásico y más vale lo conozcan pero, sino es el caso, aquí esta:


Y ahora, pasemos a los covers. Luego de ver la versión que apareció en episodio me dí a la tarea de buscar las versiones y me encontré con que hay suficientes, sin embargo, para este blog me he quedado con tres que me parecen son acertadas. La primera, para de una vez compartirla, es la que vi por la mañana y que viene a cortesia de la cantante estadounidense Courtney Jaye, quien la grabó para su album homónimo hace cuatro años. Lo cierto es que, sin hablar de más, sólo diré que consiguió una versión bellísima de la rola, mucho más melosa y con cierto sentimiento especial. El único pero que le pondría es al final, donde siento que pierde intensidad y en eso queda a deber a la versión original. Ustedes dirán:


La segunda la interpreta el ídolo norteamericano Bruce Springsteen, quien desde que la grabó en 1980 la ha convertido en parte infaltable de sus tours. Su cover es, cómo decirlo, una versión más personal de la canción. Personal en tanto que le pone su toque y estilo, sí, pero tambien en el sentido de que la vuelve suya y, sin cambiarle esas letras que hablan de toda una generación a la que el ya no pertenece, aún así la siente y pareciera que hablará de su vida al cantarla. Porque esa es, según dicen los que saben de rock, la virtud de "el jefe" Springsteen." Un buen cover, sin duda:


Y la tercera, bastante más actual, es del grupo punk Rise Against. La verdad es que ésta tambien me dejo una muy grata sorpresa pues esa una versión hecha con un respeto enorme y que mantiene la esencia de la versión original pero, digamoslo así, actualizandola. El uso de las guitarras acusticas más el extraordinario trabajo vocal de Tim McIlrath ciertamente aciertan al hacer este cover que, además, se maneja todo el tiempo en la debida intensidad. Escuchen y digan si miento:


Como rara vez ocurre, todos los covers seleccionados para esta entrada han salido bien librados y, a su manera, han acertado en hacer buenas versiones de una canción dificil de interpretar. Pese a que los tres tienen gran estilo y se aprecian casi como versiones únicas, está claro que la versión original tiene algo especial y por ello está encima de cualquiera de sus covers, sin embargo, todas ellas se disfrutan al oirse y eso es muy meritorio.
Despido esta entrada no sin antes dejarles un bonus track que encontré en Youtube mientras buscaba los vídeos para esta entrada. Se trata de la secuencia de la que hablaba al principio y en la que escuche el cover de Courtney Jaye como fondo. Si han visto o son fans de Brothers & Sisters, sé que la disfrutaran, sino, sirva sólo para que entiendan de qué demonios estaba hablando al empezar la entrada.

3 de julio de 2011

Se te extraña... Porfirio Díaz Mori

Ayer, 2 de julio, se cumplieron 94 años de la muerte del general José de la Cruz Porfiro Díaz Mori. Y por eso, simplemente por eso, la entrada de hoy va dedicada al presidente que más ha hecho por el progreso de este país y que es, por eso y por ser tambien uno de sus más grandes tiranos, una de las figuras más complicadas y a las que, creo, menos justicia se les ha hecho.

Y es complicada incluso para mí, un tipo que hizo una tesis de licenciatura sobre el magonismo y que acabo convenciendome bastante del magonismo y, sin embargo, aprecia al enemigo número uno de Ricardo y Enrique Flores Magón, Práxedis Guerrero, Anselmo Figueroa y compañía. Es complicado para mi decir que admiro con sincera devoción a tipos que eran antagonistas y lo eran en serio. Sin embargo, lo digo.

La coherencia de tal afirmación y sus contradicciones dan para una entrada, muy larga y mucho mejor documentada que ésta pero que, lo adivinaron ya, no es ésta. Prometo hacerla pronto (promesa sumada a la de la reflexión sobre Ciencia Ficción, anótenla), sin embargo, hoy haré algo más simple y en lo que ambas admiraciones personales coinciden: se extraña a Flores Magón y se extraña a Díaz, y ambos no han recibido su justo homenaje histórico.

Esto no es, pues, una efemeride de Díaz, simplemente es una confesión en voz alta de que se le extraña, o que se extraña a tipos como él. Ciertamente se dice que Díaz fue responsable de una nación que progresó como nunca pero tuvo tambien una parte de su población que sufrió las vejaciones más lastimeras. Hoy en día, tenemos una población mayor que sufre las mismas o peores vejaciones... pero no tenemos, ni de lejos, ni una pizca del progeso alcanzado con Díaz. Se le extraña, por eso, por ser capaz de tomar un país que era un auténtico polvorín -por no decir un desmadre- y llevarlo a la escena internacional.

Y se le extraña, tambien, literalmente. Sus restos reposan en el cementerio de Montparnasse en París, Francia desde 1921 y, salvo un intento hecho en 1995 (bueno, tampoco es gran cosa, lo organizaron José Manuel Villalpando y Alejandro Rosas, pseudohistoriadores que tras poco intentar se convencieron, no sé bajo que argumento imbécil propio de ellos, de que los restos estaban donde debian estar y ahi debían quedarse), no ha habido intenciones del gobierno nacional por repatriar esos restos.

El tema sucita mucho debate. ¿deben repatriarse los restos?, ¿deben recibirse con los honores de expresidente?, ¿se enterrarían en la rotonda de las persona ilustres, o dónde? Son preguntas dificiles que exiguen una reflexión obligadamente histórica y, lamentablemente, política. Mi opinión, hecha desde mi trinchera, es que los restos deberían repatriarse sí o sí y recibirse con los honores debidos (digo, si pagamos pensiones absurdas a un tal Carlos Salinas de Gortari) y sin politizarlo.

No sé si debiera estar en la rotonda, ese si es un temazo. Ya ese lugar tiene bajo su tierra contradicciones absurdas, tipos que en vida fueron enemigos y, fallecidos y homenajeados, son simplementes "personas ilustres." Sin embargo, creo que el cementerio donde reposen no es un asunto tan fundamental, siempre que sea en este país y, mejor aún, en Oaxaca, su tierra natal. La razón de ello es bien sencilla: debe darsele la oportunidad de reconciliarse con su tierra y de estár en ella y que los suyos lo tengan en ella. Para bien o mal, admiración u odio que se le tenga, Díaz forma parte de nuestra historia y como tal, me parece, debería reposar en esta tierra.

Así pues, esta entrada confesó dos cosas: uno, que se extraña a Porfirio Díaz Mori con todos sus méritos y todas sus vilezas; y dos, que debería extrañarsele menos pues sus restos deberían reposar en esta que es su tierra y por la que, por cierto, el nunca se cansó de confesar su amor.