28 de abril de 2011

De vuelta... y Batalla de Puebla

Tal y como lo leen desde el inicio de la entrada, estoy de vuelta. Después de un excesivo e innecesario letargo vacacional, vuelvo a mi función de amo y señor de este blog. Ya descubrí que eso de escribir dos veces por semana necesita solamente de ganas y ritmo. Las ganas las tengo, de sobra, y el ritmo necesito agarrarlo de nuevo. Paciencia.

Ahora, lo cierto es que tampoco puedo darme el lujo de tener otra entrada que sólo anuncie mi regreso y verse sobre nada, pues este blog me parece que ya excedió su cuota anual de ese tipo de entradas. Así que, brevemente, ahí les va una reflexión, a modo de pregunta: ¿estaríamos mejor con López Obrador?... No, no es cierto, esa no era, disculpen el mal chiste -y no olviden que este blog es apolítico- lectores. Ahora si, la pregunta, hoy 5 de mayo,¿hay qué celebrar la Batalla de Puebla?, ¿por qué?

Las razones para la respuesta afirmativa son todas conocidas: se venció a uno de los ejércitos más poderosos del mundo -con uno de los más débiles, de paso-, se detuvo el ataque francés que galopaba sin cesar hacía una fácil victoria, y claro, se dio una muestra de resistencia y valentía, pero sobretodo, de unidad. Esas y alguna otra que se me escape a mi pero no a las monografías sobre el tema.

Sin embargo, he aquí una buena razón para no celebrarlo: no sirvió de gran cosa pues en un par de años se instauró el imperio de Maximiliano de Habsburgo. Quienes somos especialmente críticos con la historia -y más con esa decorada y noble historia patria- encontramos en declaraciones incendiarias como la anterior tremendos pilares para combatir el patriotismo ciego, ese que desconoce las verdaderas circunstancias de cada hecho y sale a la calle a gritar en septiembre e ignorar el sentido de sus gritos el resto del año.

Sin embargo, en el particular caso de la Batalla de Puebla, esos pilares se derrumban, se tienen que derrumbar, hacer cenizas. Porque lo cierto es que ese suceso, para propios y extraños -patriotas y malinchistas, si gustan-, debe ser celebrado, no sólo recordado, celebrado, aplaudido y puesto en alto cada que siquiera se mencione. Y no por las razones dichas arriba, que son las fáciles, sino porque la razón para no celebrar la Batalla de Puebla se vuelve intrascendente ante la principal razón para celebrarla.

Que no sirvió de nada porque los franceses igual triunfaron ignora el hecho de que fue gracias a la Batalla de Puebla que esos mismos extranjeros fueron derrotados. ¿Cómo?, fácil: fue gracias a todos los ánimos que levantó, a los opositores que unió y sobretodo lo que demostró al mundo y a los propios mexicanos, que la lucha se mantuvo viva y al final se impuso. Uno puede o no estar de acuerdo con la lucha republicana de Juárez y compañía -hay quienes aplauden lo poco que dejaron hacer a Maximiliano como emperador, por ejemplo- y enorgullecerse o no de ella, empero, como parte de nuestra historia, parte fundamental como pocas, tiene mucho de su éxito en la temprana Batalla de Puebla.

Lo que ocurrió aquel 5 de mayo de 1862, haciendo a un lado todos los adornos que el recuerdo y la historia le han agregado, es uno de esos momentos históricos de orgullo y gloria para este país que, por cierto, los tiene muy pocos. Lamentablemente -o afortunadamente, merced a los asuetos que provocan- tenemos un montón de fechas festivas que no son dignas de celebrarse como lo hacen, mientras que hay otras que no pasan de meras efemerides, como la de hoy.

El 5 de mayo no es feriado con asueto como otras fechas, y debería serlo más que muchas otras. Es más celebrado en Estados Unidos que acá, precisamente cuando es una fiesta cuyo símbolo -orgullo, unidad, resistencia- debe sernos común a todos, y más en estas épocas. En fin, no quiero extenderme en el tema, pues el asunto da para mucho, sin embargo, dejo la pregunta en el aire, y acaso el debate se retome en otra entrada: ¿hay que celebrar la batalla de Puebla?

Quizá la pregunta para otra entrada sea cómo, cómo celebrarla. De mientras, ahí está la pregunta y ahí mi respuesta. Espero la suya...

4 comentarios:

Franz dijo...

Qué tal Esaú? Te dejo mi opinión. El siglo XIX fue una época demasiado dura para el país, y este momento es quizá el más importante triunfo militar que se ha logrado, en ese sentido es menester recordarlo y celebrarlo.
Que un año después los franceses iban a tomar la Ciudad y hacer huir a Juárez y compañía, es otro tema. Lo que se ha preservado para la posteridad es el triunfo de ese David contra el Goliat que significaba en aquellos días el ejército francés...

Jairo dijo...

No conviene a intereses partidistas darle la importancia que se merece. En la batalla de Puebla se unieron por igual liberales, conservadores, indígenas y mestizos, criollos, militares, civiles armados... Te imaginas? PRD aliándose al PAN y al PRI, juntos los tres en la lucha contra el narco (o contra el que quieras). Nah, hoy día las facciones pólíticas preferirían ver el país en ruinas antes de ver en el poder al partido rival.

Esaú Jaimes dijo...

Saludos Franz. Completamente de acuerdo contigo, sin embargo, mi punto es que aunque la derrota mexicana ante el imperio francés sea otro tema, parte de su posterior victoria -además del hecho de que los franceses retiraron tropas- se debe a los ánimos violentados y la unidad surgida de la Batalla de Puebla. Por cierto, creo que no lo he hecho antes por olvidadizo y aprovecho ahoraque tengo chance: gracias por tu atenta lectura del blog y tus puntuales y atinados comentarios. Gracias.

Esaú Jaimes dijo...

Y Hola Jairo. En una primer lectura crei entenderte que "no convenía a mis intereses partidistas darle la importancia..." y a punto estaba de alzar la voz y prender la antorcha para defender la importancia de si conmemorar la Batalla de Puebla. Por fortuna, a la hora de responderte releí tu comentario y ya lo entendi mejor. Antorcha apagada y voz modulada, estoy de acuerdo contigo, los políticos que nos cargamos están demasiado ocupados con sus alianzas ridículas como para meditar la importancia del 5 de Mayo. Lamentable.